Andar junto al amo

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Ataremos al perro con una correa regulable, de dos metros de longitud, y paulatinamente le enseñaremos a andar junto a nosotros sea cual sea el ritmo o la dirección del paso.La posición de partida es siempre la misma: A la izquierda.

El perro, pues, está sujeto lo más corto posible y a la izquierda de su amo.

Nos situaremos de forma que a la izquierda del perro haya un muro o pared que seguiremos para impedir que el animal se aleje. En el caso que quiera hacerlo presionaremos su cuerpo con la rodilla contra la pared sin detener la marcha.

Seguramente, por muy dócil que sea nuestro perro, intentará adelantarnos o retroceder. En estos casos actuaremos de la siguiente forma:

Si se adelanta colocaremos nuestro pie derecho en la ingle, cruzándolo por detrás de nuestra pierna izquierda, con el fin de trabar su paso.
Si se atrasa, efectuaremos un simple tirón sobre la correa, hasta conseguir que su morro venga a la misma altura de nuestras rodillas.
No debemos obligar al perro mediante tirones, gritos o enfados. Se necesita paciencia, cariño y “tozudez”. Si el perro intuye que tiene posibilidades de eludir la orden lo intentará siempre. La voz de mando ha de ser una sola. La palabra “FUSS”, que aplicaremos en este caso, será dicha al principio del ejercicio y sólo una vez, ya que no debemos acostumbrar al animal a obedecer a la segunda o tercera voz.

El perro debe saber que cuando empieza el ejercicio está sometido a obedecer hasta que acaben las órdenes y consiga su recompensa. Una buena medida es atar al can con la correa sólo durante el ejercicio para que relacione la correa con la obediencia.

Las clases no durarán más de media hora. Una buena distribución es media hora por la mañana y media por la tarde. Luego podrá jugar, saltar…

Se aconseja que la recompensa no sea siempre una golosina (carne, galletas), pues no puede existir un perro en forma si come a todas horas.

Con algún juguete y demostrarle nuestro cariño basta y sobra para su entrega total

 

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