Vivimos en una sociedad en la que las enfermedades mentales están muy estigmatizadas. No siempre conocemos lo suficiente acerca de ellas o la información que nos llega es incompleta o errónea. Todo esto puede llevar a que quienes las padezcan, puedan sufrir un aislamiento social.Sin embargo, en contra de lo que se pueda creer, estos trastornos están a la orden del día y cada vez son más las personas que se someten a un tratamiento para poder llevar una vida normal. Para que conozcáis más sobre los más comunes, en este reportaje os dejamos un breve listado.

De la A a la Z

Agorafobia: es una de las fobias que más comúnmente necesitan de un tratamiento. Quien la padece sufre un miedo irracional a estar en espacios públicos, por lo que llega incluso a ser incapaz de salir a la calle.

Anorexia nerviosa: se trata de un trastorno de la conducta alimentaria que lleva a quienes la sufren a perder peso de manera excesiva y a no querer ingerir alimentos. Esto degenera en una delgadez extrema de la que ellos no son consicentes y que puede provocarles graves síntomas físicos y emocionales que, si no se tratan, pueden causar la muerte.

Ansiedad: es una de las alteraciones psicológicas más comunes y lleva a los afectados a padecer crisis nerviosas sin un motivo justificado. Éstas provocan síntomas que pueden condicionar a la persona en ese momento. Cuando estas crisis interfieren en la vida diaria, es el momento de someterse a un tratamiento.

Bulimia: hablamos de otro de los trastornos de la alimentación más comunes. En esta ocasión, el paciente siente compulsión por comer pero, al mismo tiempo, remordimientos, lo que le lleva a provocarse el vómito o pasar amplios periodos sin ingerir ningún alimento.

Claustrofobia: esta fobia es otra de las más populares y provoca una incapacidad a la hora de entrar en espacios cerrados como ascensores o aviones.

Depresión: es un trastorno del estado de ánimo que genera sentimientos de tristeza que hacen que el paciente se sienta física y psicológicamente abatido y no pueda llevar una vida normal. Normalmente, va estrechamente unida a algún episodio traumático, pero también puede ser de origen biológico.

Esquizofrenia: es una enfermedad que afecta a la personalidad y que, generalmente, hace que el paciente entremezcle la realidad con la ficción, puediéndose generar comportamientos no deseados e incluso peligrosos.

Estrés: está muy unido a la ansiedad y, normalmente, está provocado por situaciones límite que inciden en el comportamiento y en la manera de pensar. Los síntomas pueden provocar crisis que van desde la frustración hasta la ira.

Hiperactividad: como su propio nombre indica, se trata de un exceso de actividad que puede generar comportamientos muy nerviosos, que incluso pueden llegar a ser agresivos. En los niños, está muy vinculada a su aprendizaje, por lo que es esencial prestarles una atención especial.

Hipocondria: quien la sufre se siente excesivamente preocupado por su salud, lo que le lleva a estar contínuamente alerta e, incluso, puede llevarle a padecer los síntomas de aquellas enfermedades que cree padecer.

Insomnio: esta afección provoca una incapacidad para conciliar el sueño que, usualmente, lleva al paciente a no poder dormir las horas necesarias para desempeñar su actividad diaria y llevar una vida normal.

Trastorno bipolar: las personas bipolares sienten cómo su personalidad se debate entre dos polos opuestos que le hacen estar, en ocasiones muy excitado (en las fases de manía), y en otras, a sufrir depresión (fase depresiva).

Trastornos fóbicos: se caracterizan por un miedo irracional ante un estímulo que hace imposible enfrentarse a él. Provocan una amplia sintomatológia que afecta en gran medida a la calidad de vida de quien la padece.

Trastorno obsesivo-compulsivo: es una enfermedad que puede generar conductas extrañas que tienen su razón de ser en los pensamientos obsesivos del paciente. Son personas muy nerviosas que, generalmente, se comportan de manera ansiosa.