Sexo en el trabajo

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¿Quién no ha flirteado alguna vez con algún compañero de trabajo? ¿Quién no está cansada de escuchar historias en su empresa sobre quién se ha acostado con quién? Por su connotación morbosa, por puro interés laboral o realmente por amor, el sexo en el trabajo está a la orden del día.Es la hora del café y aprovechas para hablar con tus compañeras de las miraditas entre la ‘nueva’ y el depredador departamento de publicidad; o hacéis un repaso al cachas del mensajero; o a la dulce mirada del becario, al cual no paráis de sonrojar. Comentarios picantes o provocaciones inocentes que, en ocasiones, traspasan las fronteras del juego dando rienda suelta a los deseos dentro del lugar de trabajo.

Y es que la emoción del sexo en el despacho, los archivos o los ascensores, mientras que el resto de los compañeros trabaja, a veces resulta irresistible. ¿Te ha ocurrido alguna vez a ti?

Más habitual de lo que imaginas
Los empresarios andan preocupados por el tema del sexo en el trabajo, de ahí que sean numerosas las encuestas que se han realizado en torno a este tema. Todas llegan a las mismas conclusiones: las relaciones íntimas entre compañeros están a la orden del día.
Todos, hombres y mujeres, en ocasiones, hemos coqueteado con nuestros compañeros de trabajo. Las largas jornadas laborales, el compartir intereses comunes, las fiestas y comidas de empresa, son factores que fomentan el acercamiento.
La cuestión es dar el paso de la fantasía a la práctica. Y aunque pensemos que esto no es algo habitual, nos quedaríamos sorprendidos si las esquinas de nuestras oficinas pudieran hablar.
El morbo está servido
Dentro de la oficina, cada rincón se convierte en un hervidero de actividad sexual sin que nos demos cuenta. Un e-mail, una nota discreta o una llamada interna, pone en marcha el plan para concretar el sitio y la hora, y dar rienda suelta a las pasiones.
Pero hay ciertos lugares que producen un mayor morbo, bien sea por lo que representan o por la adrenalina que genera el poder ser pillados en cualquier momento.
El despacho, encima del escritorio o en la sala de reuniones, el comedor o los baños, son los lugares declarados más excitantes para estas prácticas sexuales. Le siguen de cerca el ascensor, las escaleras de emergencia, algún pasillo poco frecuentado o el aparcamiento.
Aquellos más sofisticados, a los que les ha sabido a poco el breve encuentro dentro de la empresa, continúan su aventura en hoteles cercanos. Son, sobre todo, gente con compromiso que no se juega sólo un puesto de trabajo, sino también una relación.
Puro estrés.
Infidelidades femeninas
El lugar de trabajo es el escenario protagonista de las infidelidades femeninas. ¿El motivo? Normalmente la mujer, para establecer relaciones con otros hombres, necesita que existan gustos e inquietudes comunes para poder compartir algo más que sexo con ellos. Y este papel lo cumplen a la perfección los compañeros de trabajo.
Además, las excusas para no ser pilladas por sus parejas son más creíbles: una reunión a última hora, un viaje de negocios, horas extras… Nada que los hombres no lleven utilizando desde tiempos inmemoriables.
Los móviles de la mujer para tener aventuras amorosas con compañeros de trabajo también son similares a los del género masculino: curiosidad, deseo, venganza o amor.
El verdadero problema surge cuando la relación se destapa. Aquí las reacciones empresariales son diferentes. Mientras que para el hombre no suele pasar de un toque de atención; para la mujer las críticas suelen ser más duras. No sólo se pondrá en entredicho su valor profesional dentro de la empresa, sino que suele ser cabeza de turco en este tipo de situaciones.
Por eso es importante pensar en las consecuencias de un mero calentón laboral, sobre todo si la otra parte en cuestión es de mayor rango dentro de la jerarquía de la empresa.

Encontrar pareja en el trabajo
No es extraño que las aventuras de trabajo acaben en relaciones de pareja consolidadas. El tiempo es capaz de trasformar la mera atracción en sentimientos mucho más profundos, al permitir descubrir los valores del otro más allá del entorno laboral.
Una vez definida la relación, queda decidir si se hace pública y extensible al resto de los compañeros o se mantiene en la clandestinidad. La decisión dependerá de las cosas que haya en juego. Si ambos estáis en el mismo departamento (tanto si ocupáis cargos similares como si sois uno el jefe del otro), se pueden tachar ciertas actitudes vuestras como preferencias sentimentales; si vuestros trabajos no están interrelacionados, la decisión es más sencilla de tomar.
En cualquier caso, trabajar dentro de la misma empresa con la pareja suele llevar a conflictos que pueden desembocar en que uno de los dos miembros abandone su puesto de trabajo para poder continuar con la relación.
Cuando sólo es interés
El papel de película de tercera, en la que la secretaria, recién licenciada, explota sus encantos femeninos para acostarse con el jefe de turno y acceder a puestos de responsabilidad mayor, aún existe, aunque los roles van cambiando.
Cada vez son más las mujeres en altos cargos que se sienten tentadas por jóvenes becarios de anchas espaldas y pocos escrúpulos para escalar posiciones a cambio de favores carnales. Pero esta forma de ascenso, tanto para ellos como para ellas, suele acabar de forma desastrosa cuando finaliza el intercambio sexual.
Además, hay que tener cuidado con los compañeros. Si se sienten amenazados te pueden incluso llevar a los tribunales por trato de favor. Así ha ocurrido en California, donde la Corte Suprema Estatal dictaminó que los trabajadores pueden entablar pleito cuando una compañera/o que se acuesta con el jefe recibe reiteradas muestras de favoritismo.

Los empresarios opinan
Para los empresarios, los fogosos romances entre compañeros no suelen ser ni emocionantes ni excitantes, sino más bien conflictivos.
Por un lado consideran que las intrigas sexuales reducen la productividad, ya que los conflictos de pareja se suelen extrapolar al lugar de trabajo. Por otro lado, las rupturas pueden llevar la tensión al ambiente laboral.
También se han dado casos de romances entre personas de diferentes categorías profesionales, que al separarse, a modo de venganza, han denunciado al jefe/a de acoso sexual, lo que ha manchado la imagen de la firma. Ante esto, y para cubrirse las espaldas, muchas empresas han incluido como motivo de despido el establecer relaciones personales entre trabajadores.
Sin embargo, otros estudios sociológicos (como el de la Universidad de Washington, publicado en la revista Gender & Society) han demostrado que los encuentros sexuales pueden ser muy positivos para mejorar la productividad de la empresa. Estas situaciones generan mayor camaradería y sentido de equipo, además de potenciar el nivel de felicidad, siempre y cuando todo se haga con el consentimiento de ambas partes y no se falte el respeto.
Sea como fuere, como no se pueden controlar en ningún caso estas tensiones sexuales entre trabajadores, no estaría de más que el empresario tuviera en la manga un plan de contingencia por si fracasa el romance para que la productividad, en ningún caso, quede amenazada.

Consejos para no atraparte
Si tienes un romance en el trabajo y no quieres estar en boca de todos tus compañeros, sigue nuestros consejos:
Nada de hacer demostraciones cariñosas en tu puesto de trabajo. Deja las notitas románticas, los seudónimos cariñosos, los besos y abrazos para cuando nos os vea nadie, y si es fuera de la empresa, mejor que mejor.
No es aconsejable que vuestra relación salga publicada en el boletín de la compañía. La mejor arma, la discreción.
Nunca utilices una aventura para imponer tus deseos o conseguir mejores puestos en la empresa. Los ascensos rápidos suelen tener caídas estrepitosas.
Tampoco favorezcas profesionalmente a la persona con la que estés teniendo un romance.
Y en ningún caso resuelvan diferencias personales dentro de la empresa. Que nada afecte a tu productividad laboral.

 

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