97% de los días del primer semestre del año sin buena calidad de aire, lo que representa un daño a la salud de la población del Valle de México

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  • Las afectaciones a la salud por respirar aire contaminado van desde la reducción de la capacidad pulmonar y exacerbación de asma, hasta cáncer pulmonar y muerte, entre otras.  

Ciudad de México, 11 de septiembre 2014.- De acuerdo a los registros oficiales del Sistema de Monitoreo Atmosférico (SIMAT), la población de la Zona Metropolitana del Valle de México respiró aire sucio durante todo el primer semestre del año. En un análisis elaborado por la asociación civil El Poder del Consumidor A.C. se revela que, tomando la normatividad mexicana como criterio, de los 181 días en total del primer semestre, tan sólo hubo 44 días con buena calidad del aire, 127 días con calidad del aire regular y 10 días con calidad del aire mala con respecto a las mediciones horarias para los niveles de partículas menores a 10 micras (PM10).

En cuanto a las mediciones para ozono en el primer semestre del año se tuvieron 16 días de buena calidad del aire, 142 días con calidad del aire regular y 23 días con calidad del aire mala con respecto a la normatividad mexicana, por lo que la población respiró aire contaminado durante 165 días.  En cuanto a PM10, se presentaron 137 días con aire sucio.

Al contrastar estas mediciones con las recomendaciones internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las PM10 sólo se tuvieron 25 días que cumplen con el límite de protección a la salud recomendado (hasta 42 IMECA) y 11 días en que se cumplieron los límites para ozono (menores a 46 IMECA).

Siguiendo con las recomendaciones de la OMS en el primer semestre del año se tuvieron 156 días (86%) de calidad del aire no buena para PM10 y 170 días (94%) de no buena calidad de aire por ozono. 

  

Es importante mencionar que la exposición crónica de la población a ambos contaminantes -ozono y PM10- representa un severo daño a la salud. Las afectaciones van desde la reducción de la capacidad

 

 

pulmonar y exacerbación de asma, hasta cáncer pulmonar y muerte. Como se muestra en la siguiente gráfica 2, los dos últimos meses del semestre (mayo y junio) la calidad del aire mejoraba en cuanto a concentraciones de PM10 y la calidad del aire empeoraba por la presencia de ozono. El comportamiento registrado de los dos contaminantes en combinación nos permite asegurar que hubo tan sólo 5 días de buena calidad del aire en general en el primer semestre del año, es decir 97% de los días se respiró aire con efecto adverso para la salud.

 

 

Recordemos que la salud es un derecho y que el Estado debe implementar las medidas necesarias para garantizar el derecho a un ambiente sano y libre de contaminantes. La reciente publicación de las Normas Mexicanas NOM-020-SSA1-2014  y NOM-025-SSA1-2014 para establecer los valores límite permisibles de concentraciones en cuanto a ozono y PM10 respectivamente, si bien descendieron el límite permisible (en particular la NOM-025 de material particulado), siguen estando 50% por encima de los límites recomendados por la OMS en cuanto PM10 y 40% en cuanto a ozono. Permitiendo con ello que la población de las zonas metropolitanas y las ciudades más grandes sigan estando expuestos crónicamente y a niveles agudos a concentraciones que tienen  efectos nocivos para la salud. Se espera que continúen los padecimientos asociados a la mala calidad del aire mientras no sea asegurado el derecho a la salud de los habitantes de las zonas urbanas.

Debemos dejar asentado el hecho de que pese a que los valores guía son los más estrictos a nivel internacional, la propia OMS ha reconocido que incluso dentro de estos límites aún se pueden llegar a encontrar afectaciones a la salud. Es decir que si bien representan un ideal para las normativas de calidad del aire, no se ha encontrado un límite por debajo del cual no haya afectaciones a la salud.

Aunado al endurecimiento relativo de las nuevas Normas Mexicanas para la calidad del aire, se debe incluir políticas públicas para mejorar y ampliar la red del transporte público, invertir en infraestructura para la movilización no motorizada, desincentivar el uso del coche, asegurar la distribución de combustibles de ultra bajo azufre en todo el territorio nacional, contar con programas efectivos de chatarrización de los vehículos más contaminantes, y hacer la transferencia de la tecnología obsoleta a la tecnología nueva menos contaminante. En este último rubro nos encontramos ya varios años atrás de las implementaciones que Estados Unidos y Europa tomaron para mejorar la calidad del aire (EPA 2010 y Euro VI).

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