Campo Vivo ofrece una alternativa saludable en el consumo de maíz de los mexicanos

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• La Asociación de Consumidores Orgánicos (ACO) reportó la detección en México de altos niveles de glifosato, “probable cancerígeno”, en harinas de maíz transgénico procedente de Estados Unidos.
• Campo Vivo lanza sus variedades de tostadas horneadas de Maíz Blanco, Maíz Azul y Totopos de Maíz Blanco y Azul, producidas con maíz orgánico y mexicano.

El consumo de un maíz cultivado en México bajo un concepto 100% orgánico, sin el uso de transgénicos ni pesticidas químicos, es un factor importante para una alimentación sana de la población de nuestro país. Asimismo es un elemento fundamental para la preservación del patrimonio alimentario y la recuperación económica del campo mexicano, advierte Mateo Dornier, director de campo Vivo, empresa que actualmente comercializa alrededor de 150 productos orgánicos en más de mil puntos de venta en todo el país.
Recientemente, la Asociación de Consumidores Orgánicos (ACO) reportó la detección en México de altos niveles de glifosato y de AMPA, su metabolito principal, en muestras de harina de maíz blanco y amarillo.
El glifosato es el principal componente del herbicida Faena o Roundup de Monsanto (Bayer), cuyo uso aumentó significativamente a partir de la aparición de los cultivos transgénicos. En 2015 la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al glifosato de “probable cancerígeno”.
El informe de la ACO destaca que México es un país donde la producción de maíz transgénico está prohibida, por lo cual la presencia de altos índices de glifosato en el maíz lleva a concluir que la empresa Maseca, principal productora de harina de este ingrediente en México, realiza importaciones de maíz con estas características.
“Este maíz, importado principalmente de Estados Unidos, se utiliza para alimento balanceado. En otras palabras, estamos importando el maíz que Estados Unidos utiliza para alimentar cerdos, y usándolo para elaborar las tortillas que consumimos”, indica el informe.
La ACO surgió a iniciativa de la Organic Consumers Association (OCA), que lleva más de 10 años trabajando en Estados Unidos en campañas de salud, justicia y sostenibilidad. En 2015, la OCA formó la Asociación de Consumidores Orgánicos (ACO) en América Latina, con el fin de dar un mejor servicio a la creciente red de hispanohablantes.
El director de Campo Vivo resalta que México importa más de 16 millones de toneladas de maíz por año, siendo en 2018 el primer comprador de maíz a nivel mundial. Su principal proveedor son los Estados Unidos (el único en cuanto al maíz blanco) donde 90% de su producción es transgénica. México importa 33% del maíz que consume, aunque puede ser autosuficiente en maíz para el consumo humano.
Bajo los conceptos de Solidaridad, Sustentabilidad y Calidad, Campo Vivo lanza sus variedades de tostadas horneadas de Maíz Blanco, Maíz Azul y Totopos de Maíz Blanco y Azul, producidas con maíz orgánico y mexicano. Es un esfuerzo realizado en conjunto con campesinos de la cooperativa Marku Anchekoren, de la Meseta Purépecha, en Michoacán.
“Es una excelente alternativa en la alimentación de las familias mexicanas, además de que también es una vía para proteger las variedades de maíz ancestrales (chalqueño, purépecha, mushito y cónico azul) y cuidar el patrimonio mexicano. Son tostadas sin gluten, con solo 32 calorías por pieza. Son altas en fibra y procesadas sin conservadores ni grasa añadida, y por supuesto sin transgénicos”.
La ACO hace un llamado a la población mexicana a que busque opciones a Maseca en tortillerías locales, tianguis y mercados que usen maíces comprados a productores agroecológicos y que nixtamalicen.
“Los ingredientes de nuestras tostadas solo son harina de maíz nixtamalizado orgánico y sal de mar. No hay ningún ingrediente adicional en la preparación. Uno de nuestros objetivos es ofrecer un producto sano en un país donde 82 % de las familias incluye tortillas en su dieta diaria y en donde cada persona consume entre 300 y 500 gramos de maíz al día”, puntualiza Mateo Dornier.

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