Felinos de Africa


Celebrando el Día de la Tierra, a partir de abril llegará a los cines de Latinoamérica FELINOS DE ÁFRICA, una épica historia real ambientada en uno de los lugares más salvajes de la Tierra que captura el amor verdadero, el humor y la determinación de los majestuosos reyes de la sabana.
La historia presenta a Mara, un simpático cachorro de león que se esfuerza por crecer con la misma fuerza, espíritu y sabiduría que su madre, Sita, una guepardo hembra que es responsable por sí sola de cinco traviesos recién nacidos. También presenta a Fang, un orgulloso líder de la manada que debe defender a su familia de un león alguna vez expulsado del grupo.

Disneynature da vida en la pantalla grande a esta aventura de la vida real dirigida por Keith Scholey y Alastair Fothergill (La Tierra). El film, producido por Scholey y Alix Tidmarsh, es el nuevo lanzamiento de Disneynature en América Latina después de La Tierra (estrenada en 2009). Creado en abril de 2008 para reunir a los mejores documentalistas de temas de la naturaleza y capturar una variedad de tópicos e historias de la vida silvestre, Disneynature continúa el esfuerzo del propio Walt Disney, quien fue un pionero en la realización de documentales de la naturaleza y produjo 13 películas de la serie ‘Aventuras de la Vida Real’ entre 1949 y 1960, entre ellas Seal Island (1949), En el valle de los castores (1950), El desierto viviente (1953) y Jungle Cat (1958). Estas realizaciones ganaron 8 premios de la Academia.
UNA HISTORIA HECHA PARA LA PANTALLA GRANDE
Capturando el emotivo viaje de un grupo de madres, cachorros y rivales

En las profundidades del árido continente de África hay un paraíso oculto, hogar de un gran número de animales salvajes de nuestro planeta. Allí todavía reinan felinos, cuya dedicación a sus familias es inquebrantable. Pero cuidar a los más jóvenes y proteger a los seres queridos no es fácil. El mundo que los rodea es indiferente a las desafiantes condiciones y a los ávidos contrincantes. Son reglas salvajes las que imperan.
Las familias de FELINOS DE ÁFRICA tienen su hogar en la Reserva Nacional Masai Mara, ubicada en el sudoeste de Kenia, al límite con Tanzania; aproximadamente a 125 millas de la ciudad capital, Nairobi. Extendiéndose en un área de aproximadamente 930 millas cuadradas, el parque Mara, que significa ‘a lunares’ o ‘moteado’ en lengua Masai, linda con el aún más grande Serengeti y, en cuanto a su concentración de diversidad de vida silvestre, es uno de los más notables hábitats naturales del planeta. La reserva alberga una impresionante cantidad de especies y, además, cerca de un millón de animales migrantes atraviesan el parque cada año. El Mara es también uno de los pocos lugares que quedan en África donde los tres grandes felinos africanos (leones, guepardos y leopardos) habitan en gran número y cercanos entre sí.
En el corazón del lugar vive la ‘manada del río’, un dominante conjunto de leones que merodea los valles al sur del río Mara. Un segundo grupo de leones machos –un poderoso padre y sus cuatro crías- rigen el área al norte. La ‘manada del río’ se ve constantemente amenazada por estos leones del norte, que esperan la oportunidad perfecta para desplazarlos. Entre los dos clanes y dentro de las praderas abiertas, habita una chita madre junto con sus crías.
QUIÉN ES QUIÉN EN FELINOS DE ÁFRICA
MARA es una curiosa cachorra de león de seis meses que adora a su madre, Layla. A Mara le encanta pasar sus días acurrucándose y jugando con su madre, sus tíos y primos; el grupo que constituye la ‘manada del río’. Layla es una leona con experiencia y Mara espera seguir sus pasos. Deberá aprender pronto, ya que su madre se está recuperando de una lesión. El futuro de Mara está en duda y la lealtad a su madre será desafiada.

LAYLA solía ser la cazadora más experimentada entre las leonas de la ‘manada del río’, pero una herida le ha quitado buena parte de su destreza física. Está dolorida y algunos días se pierde del grupo, aunque su naturaleza aguerrida permanece intacta. Layla se concentra en proteger a su cría, Mara, haciendo todo lo posible para garantizarle un lugar seguro entre la manada y, al mismo tiempo, salvarla de la amenaza de Kali y sus descendientes.

SITA es una hermosa y fuerte guepardo hembra adulta; una madre sola que defiende ferozmente a sus recién nacidos. Su accionar requiere casi de malabarismos para alejarse de su cría mientras sale a cazar la comida diaria sin dejar de vigilarlos de los posibles ataques de otros leones, hienas y guepardos adultos. Sita recorre muchas millas en busca de su presa y regresa al atardecer para compartir su preciada leche con sus cachorros. Eventualmente los guiará desde el refugio a través de las tierras de Kali, en un peligroso viaje en busca de alimento.
LOS CACHORROS DE SITA son unos dulces y juguetones felinitos que, alegremente, ignoran el peligro que los rodea. Mientras crecen y aprenden de su valiente madre, queda claro que los pequeños han heredado buena parte de sus agallas, aunque pararse frente a un guepardo adulto no les resulte necesariamente una buena idea.
FANG es el líder de la ‘manada del río’. Su diente roto no es su único desafío: Kali y su familia aguardan la perfecta oportunidad para apropiarse de su trono. Fang podrá ser el amo y señor del grupo, pero es esa leona cercana la que le confiere a la manada su verdadera fortaleza. Acosado y golpeado, Fang cuenta con su enérgico equipo para ocuparse de la caza y a menudo se apoya en él cuando la manada se ve amenazada. Pero, a pesar de la voluntad de avance de la leona, la debilidad de Fang pone a todo el grupo en riesgo.
KALI es un poderoso y combativo león que lidera el grupo al norte del río. Tanto él como sus crías se han cansado de vivir ‘en las afueras’, entonces provocan a la ‘manada del río’ una y otra vez, probando la fortaleza de Fang y ansiando arrebatarle el control del grupo. Esto es también una prueba para Mara, Layla y Sita, que necesitarán rebelarse ante Kali para proteger a sus familias.
UN SET FUERA DE LO COMÚN: FILMANDO EN LA SAVANA AFRICANA
Un elenco energético e imprevisible
Son apenas un poco más de las 6 de la mañana en la Reserva Nacional Masai Mara, en Kenia, y Keith Scholey va camino al parque tras el volante de un Land Rover que carga las cicatrices de un reciente encuentro con un elefante. “Este es mi viaje diario al trabajo”, explica con aire casual, mientras su vehículo golpea contra un bache en el camino y su radio crepita con interferencias de una charla que varía entre el inglés y el swahili y, por momentos, una incongruente mezcla de ambos.
Todavía está oscuro pero en media hora, cuando el sol rojizo comienza a aplacar la neblina matinal, cualquiera diría que Scholey tiene el más hermoso ‘viaje al trabajo’ del mundo. Un rebaño espectral de elefantes se arrastra pesadamente a través del camino de ripio y, cuando por fin la luz del sol ilumina plenamente, la vasta llanura del Mara revela un mágico paisaje salpicado de termitas, árboles balanites e higueras torcidas; densamente poblado por un edén de fauna salvaje propia del este de África: cientos de cebras pastando, ñus, gacelas e impalas, hipopótamos y cocodrilos revolcándose en pequeños ríos, búfalos en las pantanosas márgenes del agua, pares de chacales, familias de jabalíes, curiosas jirafas y extrañas aves, como secretarios y bucorvus, emergiendo de los largos pastizales.
Desde junio hasta octubre, Masai Mara está llena de aproximadamente un millón de ñus que emigran entre este lugar y el parque Serengeti, en la vecina Tanzania, en un círculo de 500 millas a la redonda. De todas formas, aún cuando los ñus no están presentes, no hay escases de vida silvestre en este lugar.
Esta mañana, como tantas otras durante el rodaje de FELINOS DE ÁFRICA (que se prolongó durante dos años y medio), Scholey -quien posee los geniales y eficientes modos de un guía de turismo experimentado- está estrictamente en búsqueda de guepardos o leones; específicamente los animales protagonistas del film: Sita, una guepardo hembra que está criando a sus cachorros; Mara, una leona de cuatro meses cuya madre herida lucha por protegerla y alimentarla; Fang, el veterano patriarca de una manada vulnerable; y Kali, el rival al que le gustaría ocupar el rol de Fang.
Así que, cuando suena el radio y Scholey recibe el mensaje de un miembro de su equipo realizador que ha encontrado a Sita y sus cachorros a un par de kilómetros de distancia, él resume la anécdota de cómo su auto quedó abollado gracias a un enojado elefante (el director no se encontraba en el vehículo en ese momento) y conduce directamente hacia donde los felinos se encuentran.
Unos minutos después, Scholey se reúne con la operadora de cámara Sophie Darlington a una pequeña distancia del árbol donde los cachorros juegan sin preocupaciones, escalando el tronco y compitiendo por llegar a la mejor y más lisa de sus ramas. Su atractiva madre se encuentra no muy lejos; su elegante y larga cola se alza imitando un sinuoso signo de pregunta, mientras sus ojos vigilan atentos a una cercana manada de gacelas. “Si ve a un ejemplar joven todo esto terminará en segundos”, susurra Darlington por el radio. Pero otra vez, según cuándo haya sido su última comida, Sita podría no estar de humor para cazar. “Lucen bastante tranquilos”, observa Scholey, al tiempo que Sita y sus cachorros se recuestan a la sombra al pie del árbol y una bandada de golondrinas estalla en súbito vuelo a través de los largos y amarillentos pastizales.
FELINOS DE ÁFRICA presenta una historia real y dramática acerca del amor, la pérdida, la rivalidad, el coraje y el triunfo ante la adversidad. La protagonista es una guepardo hembra, en el rol de una feroz y protectora madre; también parte del elenco, los leones son quienes compiten por la mejor tierra y sus recursos. Ciertamente, si uno le pregunta a Scholey o a Alastair Fothergil acerca de cuáles fueron sus fuentes cinematográficas de inspiración, los nombres que surgen son África mía, Identidad desconocida, El señor de los anillos y Gladiador. El único film de animales que ambos realizadores parecen estimar como un interesante punto de comparación es El rey León. Con esto en cuenta, no resulta sorprendente que los dos directores se refieran diariamente a Sita, Mara y los otros animales como ‘las estrellas’ del film, ni que Scholey describa despreocupadamente una cacería como ‘la secuencia de la persecución’.
“Muchos films acerca de la naturaleza no han contado historias y no han tenido personajes con los que la gente pueda identificarse”, menciona Fothergill. “Cuando la gente va al cine y nos regala 80 o 90 minutos de su vida en esa sala oscura, obviamente espera ser transportada, espera comprometerse emocionalmente con lo que ve; desea que le cuenten una gran historia. Así que, con FELINOS DE ÁFRICA estamos haciendo algo realmente entretenido; como un gran film de acción y aventuras”. Pero cuando los actores centrales son leones y guepardos, no se puede ensayar u optar por una segunda toma simplemente porque la estrella protagónica no muestra tanta emoción como al director le gustaría. Además, manadas enteras de leones o grupos de guepardos pueden sencillamente desaparecer del lugar por varios días, a veces emigrando en su totalidad de la región en busca de nuevas presas o de territorios libres de rivales. Cuando eso ocurre, no hay garantía alguna de que regresen.
Al comienzo de la filmación, los directores y el equipo pensaron en qué animales se concentrarían. Ayudó que todos ya conocían a Sita; que tiene lo que en Hollywood se llama un ‘carisma de estrella’. Lo que inclinó la decisión fue saber que ya había criado exitosamente a varios cachorros. Si Scholey y su equipo iban a pasar dos años y medio siguiendo a Sita y sus nuevos retoños, querían estar muy seguros de que la historia no iba a terminar en una tragedia.

Aún así, escribir un guión para FELINOS DE ÁFRICA no resultaba fácil; ni siquiera bocetar un avance de éste. Los realizadores se reunieron para generar un plan general de la historia y una lista de tomas clave, sin garantía alguna de cómo resultarían las cosas finalmente.

Y si la estrella chita está en el lugar correcto en el momento indicado, podría tender a hacer algo más que sólo reclinarse pacíficamente en la sombra, como Sita esta mañana, que despierta de una siesta y se mueve apenas diez metros para comenzar otra. Podría ser una linda foto, pero no es exactamente un drama de Hollywood. “Alguien alguna vez describió el parque Serengeti como un 98 por ciento de aburrimiento y un dos por ciento de actividad emocionante”, cuenta Scholey.

Aún si Sita decidiera hacer algo interesante, como cazar, el camarógrafo podría no estar en la posición correcta, la luz podría ser mala o los pastizales largos podrían obstruir la vista. La caza de una presa ocurre en una cuestión de segundos: los guepardos son famosos por ser los mamíferos más veloces de la tierra y su velocidad podría avergonzar el motor de un automóvil deportivo, pero sólo pueden mantenerla durante distancias cortas y necesitan llegar sorprendentemente cerca de su potencial presa (alrededor de tres metros) si quieren tener chances de éxito.

“Si sacamos un minuto de buenas imágenes estamos bien”, afirma Scholey, quien explica que el film ya ha extendido su calendario de producción. Finalmente, más tarde ese mismo día y ya en el campamento (un grupo de carpas al costado del río Talek), cuando el director muestra las imágenes logradas queda claro que la paciencia del equipo ha valido la pena. Hay una tensa secuencia con leones cruzando el rápido río Mara, infestado de cocodrilos; Sita en un enfrentamiento feroz con un león macho que podría fácilmente hacer daño a sus cachorros, y los propios cachorros atrapados en una tormenta de truenos estrepitosos y amenazados por un clan de hienas con sus mandíbulas que lucen como sonrisas malévolas. Algunas de estas notables imágenes muestran comportamientos que, aparentemente, nunca antes han sido filmados y quizás nunca con la belleza y la nitidez que estos cineastas han sido capaces de lograr: cuando Sita persigue una gacela, se la puede ver parpadear para mantener el polvo fuera de sus ojos.

Contar con la tecnología más avanzada ha ayudado. Parte de esa secuencia de caza fue filmada con una cámara de alta velocidad llamada Phantom (fantasma), que puede grabar hasta mil cuadros por segundo. También hay un helicóptero para capturar las espectaculares tomas aéreas, entre ellas la de la migración de los ñus. Los Land Rover TD5 fueron especialmente adaptados para que los camarógrafos pudieran trabajar desde el interior del vehículo y se estabilizaron para evitar que las imágenes se vean movidas –algo que podría ser normal en un documental hecho para TV pero que no funciona para la gran pantalla-. Otro vehículo, un Land Rover Defender, fue equipado con un brazo que podía sostener una cámara Cineflex, utilizada para registrar los movimientos de los chitas.

“La experiencia ayuda; tener un buen ojo también colabora”, afirma Owen Newman, principal responsable de la fotografía de FELINOS DE ÁFRICA y talentoso realizador. “Pero lo más importante al hacer este tipo de trabajo es tener un interés real y fuerte por la vida salvaje. La gente cree que se necesita paciencia, pero uno sólo necesita paciencia si no está interesado en lo que está mirando”.

Newman es un hombre de voz suave y cabello claro y despeinado; una apariencia que le da cierto parecido con esos leones a los que ha estado filmando durante los dos últimos años y medio. Tiene un conocimiento prácticamente científico acerca de estos animales y la experiencia de observación propia de un naturalista de campo, pero más allá de eso, también destila una impresionante pasión por lo que hace.

Sophie Darlington parece estar tan unida a sus chitas como Newman a sus leones. “Sita es la más hermosa y valiente guepardo hembra que jamás he filmado”, asegura, mientras admite que estará ‘descorazonada’ cuando la filmación finalice y deba alejarse del animal. “Uno no puede pasar todo este tiempo con estos seres y no involucrarse personalmente con ellos”, agrega Scholey. “Tienen una existencia tan espectacular y a menudo llevan una vida tan difícil que los hace exponer todo su coraje. Creo que será difícil para todos cuando esto termine”.

Pero aún falta bastante para que eso ocurra, y Sita y sus cachorros despiertan de una larga siesta que ha durado la mayor parte de la tarde. Los pequeños comienzan a jugar y Sita se posa sobre un montículo mientras deja escapar un gruñido ronco y persistente. La noche está cayendo y el viento caliente hace deslizar las nubes en el cielo hacia el lejano lago Victoria. “Otro día en la oficina”, se ríe Scholey, mientras gira la llave y enciende su vehículo para emprender el regreso al campamento.

Una impresionante aventura que une la intimidad familiar con el poder y la astucia de la naturaleza,
FELINOS DE ÁFRICA llegará a los cines de Latinoamérica a partir del mes de abril, celebrando el Día de la Tierra.

Yesica Floreshttp://www.elblogdeyes.com
Soy Yes, blogger desde hace más de 5 años. Me he especializado en el viejo y olvidado arte de divagar

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