Impotencia: sexualidad sin obstáculos

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La vida sexual de una persona adulta va íntimamente ligada a su bienestar personal. El no poder mantener relaciones sexuales satisfactoriamente, es motivo de malestar psíquico para muchos. Aunque las mujeres también tienen muchos problemas relacionados con su vida más íntima cuando llegan a edades más adultas y se producen cambios en su organismo, es en el caso de los varones donde la preocupación es mayor.Ya sea por tópicos o factores socioculturales, los hombres viven muy apegados a su sexualidad, y cuando ésta falla, pueden llegar a sentirse realmente deprimidos. Afortunadamente, la medicina ha avanzado mucho y este tipo de trastornos tiene hoy muchas más esperanzas de curación.

¿Qué es la impotencia?
Por causa del estrés y el ritmo de vida, un hombre puede ver afectada la calidad de sus relaciones sexuales, y es totalmente normal que no siempre se pueda rendir al máximo, pero el problema empezará a ser preocupante si se repite con mayor frecuencia. Es entonces cuando se puede empezar a hablar de las disfunciones eréctiles, que es como denominan los especialistas médicos a la incapacidad de mantener una erección.

Pero además de los factores psicológicos, la impotencia puede ser la causa de un problema fisiológico. Para conseguir una erección se ponen en funcionamiento todos los conductos del aparato reproductor masculino, y en el momento que algo falla, el resto también lo hace. Es un proceso, que culmina con la eyaculación y cualquier anomalía, por pequeña que parezca, influye en que se pueda obtener o no una erección. Por ello es muy importante acudir a un especialista para que evalúe el origen del problema.

Es importante saber que hay determinados malos hábitos que también interfieren en la salud sexual masculina, como el abuso del alcohol y el tabaco, que hacen que no siempre se pueda mantener una relación satisfactoria. No obstante, hay enfermedades que pueden motivar la impotencia, como es el caso de la diabetes o la insuficiencia renal, o problemas hormonales que pueden hacer que el deseo sexual disminuya sin una razón aparente. Esto último se suele confundir con alteraciones psicológicas del paciente, por lo que es necesario realizar las pruebas pertinentes para descartar uno u otro motivo.

Un problema con solución
Aunque es difícil extraer datos de este asunto, demasiado vergonzoso para muchos hombres, se puede afirmar que los problemas de erección aumentan considerablemente con la edad. Las estadísticas hablan de que uno de cada tres varones mayor de 40 años puede padecer este tipo de trastornos con mayor o menos frecuencia, cifra que se duplica a partir de los 70 años.

Una vez superados los miedos, el médico evaluará su situación y hará un diagnóstico real del problema. Los tratamientos más normales recurren a medicamentos orales e inyecciones, aunque para los casos más difíciles se puede emplear una pequeña cirugía que haga frente al trastorno.

El compuesto de citrato de sildenafilo, más conocido como Viagra®, es uno de los tratamientos más efectivos a la hora de poder volver a mantener relaciones sexuales. Pero su fama como ‘producto milagro’ ha hecho que su consumo, en ocasiones, se haga sin ningún tipo de control médico o clandestinamente, lo que ha producido efectos secundarios no deseados, e incluso la muerte de algunos pacientes. Esta píldora, que actúa relajando los músculos del pene, hace que la sangre llegue a éste y se pueda mantener una erección duradera.

Los medicamentos inyectados producen una erección automática, pero el inconveniente radica en que tienen que administrarse directamente sobre el órgano viril. También existen otras fórmulas, como el alporstadil, un pequeño supositorio que se coloca en la uretra y produce una erección instantánea que puede durar hasta 60 minutos.

Procedimientos más complejos
Fuera de los tratamientos farmacológicos, se pueden hallar otras soluciones que recurren a distintos artefactos, como los aparatos de vacío que consisten en un cilindro plástico que se coloca en el pene y se bombea extrayendo el aire y provocando que la sangre se acumule y se pueda conseguir una erección que se mantiene gracias a una goma opresora que evitará que el pene quede flácido. A pesar de que parece un procedimiento complicado, su efectividad es bastante alta, y con unas minuciosas explicaciones por parte del médico resulta un método bastante seguro.

Aunque la gente se muestre muy reacia a la cirugía, para algunos tipos de impotencia, es la única solución viable. La técnica se basa en la colocación de unos implantes que se introducen en el interior del pene, y que hacen que la sangre fluya mejor, impulsada por una bomba que se ubica dentro de las cámaras de erección del órgano viril.

En cualquier caso, siempre es aconsejable acudir a un especialista para que sea él quien asesore al paciente de cuál es la fórmula más indicada para cada tipo de caso. La realidad es que no son pocos los hombres que desconocen que su problema tiene solución y que conviven con él por vergüenza, lo que inevitablemente, incide desfavorablemente en su calidad de vida y en sus relaciones sociales y de pareja.

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