LA MUJER DE TUS SUEÑOS INSTRUCCIONES PARA ENAMORARLA (FABIO FUSARO Y BOBBY VENTURA) – Magia

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Al leer el título de este capítulo, seguramente habrás pensado en algo poético: “La magia del amor”, “Momentos mágicos”, etc.
No.
Cuando digo “magia”, me refiero a “trucos de magia”. Así de simple.
Los trucos de magia son herramientas muy útiles para levantarse una mina.
Sí… Sí… Ya sé… Suena pelotudo, pero prestá atención y vas a ver que estoy en lo cierto.
A las mujeres, como ya dijimos tantas otras veces, hay que despertarles curiosidad, llamarles la atención, sorprenderlas, lograr hacer un vínculo con ellas sin ser los clásicos babosos, hacer que se interesen en nosotros.
Con un buen truco de magia, lográs acaparar toda su atención y todos sus sentidos de una manera absolutamente original.
No es la idea que peles un mazo de cartas en un colectivo repleto y le digas a una mina de la que te enamoraste a primera vista, “elegí una y no me la muestres”.
Tampoco es la idea que vayas a una fiesta de cumpleaños, donde sabés que va a asistir la mujer que te quita el sueño, soportando durante horas una paloma escondida en el saco que te caga la camisa y te picotea las tetas.
Tiene que dar la impresión de que no tenías planeado con anterioridad hacerte el David Copperfield para llamar la atención de la gente, por lo que los trucos tienen que ser sencillos y realizables con elementos que puedas encontrar, como al descuido y sin mayo esfuerzo, en cualquier reunión. Por ejemplo hilos, corchos, banditas elásticas, fósforos, etc.
Si sacas de un bolsillo elementos que delanten tu intención previa, pierde la magia, valga la redundancia. De esa manera, en lugar de ser un tipo original, hábil, divertido y simpático, vas a pasar a ser el idiota del truco de magia.
Además es fundamental que la prueba sea de resolución rápida. Sería complicado y aburrido que yo me ponga aquí y ahora a enseñarte trucos de magia. Te recomiendo que te esfuerces un poquito en aprenderlos. Siempre hay algún amigo, primo o vecino que sabe alguno y puede enseñártelos. También hay muchos libros sobre el tema.
No se lo hagas a ella, sino a otra persona que esté cerca, para que no piense que todo es una treta para abordarla. Si el truco es bueno, esta persona se encargará de hacer el suficiente barullo como para que otros que andan por ahí, entre ellos la agraciada señorita, se interesen y se acerquen.
Tomemos, simplemente a modo de ejemplo, un truco que yo conozco que consiste en pasar un hilo por una argolla, que puede ser la manija de una tacita de café, tomarlo de ambos extremos, y lograr que salga sin soltar ninguna de las puntas, aparentemente atravesando mágicamente el material.
Tenés que hacerlo sin ningún tipo de preaviso, en alguna reunión en donde posiblemente quedó el hilo de la caja de pizza sobre la mesa, e inmediatamente la persona que se encuentra a tu lado te mirará soprendida y te pedirá que lo repitas. Luego de eso, sobreviene la intriga de todo el mundo por conocer el secreto, incluido ella.
-A ver, cerrá los dedos así, como haciendo un circulito –le decís –ahora en lugar de atravesar la manija de la taza va a atravesar tu mano.
-¿Así? –pregunta tímidamente, al tiempo que cierra los dedos para el orto, haciendo un círculo absolutamente deforme. Son torpes.
-No… No… Así –le respondés mientras le tomás la mano y le movés los dedos, indicando de qué manera debe colocarlos.
Como podrás ver, ya le estás tocando la mano, cosa que no podrías hacer con otra excusa sin quedar como un jeropa.
Luego le hacés la prodigiosa prueba en su propia mano, dejándola absolutamente asombrada e intrigada.
-¡A ver, de nuevo! –dicen invariablemente.
-No, pará. ¿Qué te pensás? ¿Qué me voy a pasar haciendo esta estupidez toda la noche? –le respondés, restándole importancia a lo hecho y al mismo tiempo haciéndole un sutil desplante.
El clásico boludo se pasaría dos horas haciéndole una y otra vez la mágica prueba.
A diferencia de éste, vos amagás a no repetirla, con una simpática sonrisa, y a dejarla con la intriga por conocer el secreto. Se muere.
La mayoría de las mujeres son capaces de quedarte atornilladas al lado tuyo, rompiéndote las pelotas toda la noche para que le enseñes el truco.
Los hombres se interesan por conocer el truco para luego ser ellos la estrella en otro sitio, sorprendiendo a sus amistades.
Las mujeres se interesan por conocerlo solamente por su innata curiosidad, porque luego de aprenderlo no se lo van a hacer a nadie en la puta vida. Es más, al otro día se lo van a olvidar, porque en realidad les importaba un carajo el truco en sí.
Lo único que quieren es satisfacer su momentánea ansiedad y no quedar algo así como “vencidas” o “superadas” por un hombre, que a pesar de sus ruegos, no accede a sus deseos y las deja con la intriga.
Las mujeres y sobre todo las mujeres hermosas, no están acostumbradas a eso. Es una situación nueva que las hace salir de su papel de diosa inconquistable.
-Bueno, está bien, te enseño el truco pero si me conseguís un sandwichito de jamón y queso.
Y ahí la vas a tener buceando entre los miga de lechuga y queso, aceituna y huevo duro, tomate y palmitos, en busca del clásico triple.
-Tomá, acá hay uno.
-Gracias –le decís mientras empezás a comerlo.
-Bueno dale, enseñámelo.
-Pará. ¿No vez que estoy comiendo?
-Dale, no seas malo…
Terminás de comer el sándwich, y como un caballero siempre cumple sus promesas, se lo enseñás.
Luego le repetís la explicación un par de veces más, porque la primera obviamente no la va a entender por más simple que sea.
Una vez que supuestamente está entendido, le das el hilo a ella para que haga el truco con tu mano.
Le va a salir para la mierda. Va a realizar unos movimientos tan torpes para lograr algo realmente simple, que no lo vas a poder creer.
Eso te da tema para seguir el jugueteo, porque si bien lo que ella más quería, era conocer el secreto, ahora lo que quiere es lograr hacerlo.
A pesar de que practique y practique, no le va a salir, pero durante todo ese tiempo vas a estar tocándole las manos, riéndote con ella, gastándola y creando una onda espectacular, que de otra manera hubiese sido bastante más difícil de lograr.
Obviamente, todo esto lo único que permite es un primer acercamiento; pero un buen primer acercamiento allana mucho el camino.
Te vas a sorprender vos mismo al comprobar el efecto que produce el haberle hecho conocer tu habilidad para atravesar mágicamente una argolla.

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