LA MUJER DE TUS SUEÑOS INSTRUCCIONES PARA ENAMORARLA (FABIO FUSARO Y BOBBY VENTURA) – Ser distinto

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La originalidad es una de las principales herramientas para tener éxito con las mujeres.
Hay muchas maneras de ser distinto, y por supuesto, no todas son efectivas. Si vamos a una cita vestidos con escafandra, tanques de oxígeno y patas de rana, seguramente seremos originales y distintos, pero muy difícilmente el éxito nos acompañe.
Cuando estamos elaborando una estrategia de seducción, tenemos muy en cuenta los estándares generalmente aceptados por las mujeres, los arquetipos de conductas, los modelos que sacamos de películas, etc.
Seleccionamos cuidadosamente nuestra manera de vestir, no sea cosa de ponernos alguna prenda de un color demasiado llamativo, elegimos la música que vamos a escuchar en el auto teniendo en cuenta que sea algo actual, escogemos el lugar apropiado para llevarla evaluando si está de moda, etc.
Por otro lado, tenemos excesivo cuidado con respecto a nuestra conversación, evitando a ultranza decir alguna grasada o mostrar algo de nuestra personalidad que no concuerde con los gustos de ella.
En resumen, es muy probable que realicemos la salida ideal, sin errores, pero con lo que podríamos llamar “impacto cero”.
Todo estuvo prolijamente realizado, pero nada la impactó, nada salió de lo común, nada nos diferenció de otro con el que tal vez salió la semana pasada o saldrá al otro día.
-La que comentó que estás muy bien fue Ana –me dijo una noche mi amiga Laura.
Ana era una chica que yo había conocido en el cumpleaños de Laura una semana atrás.
Me puse como loco. Ana me había encantado y no me imaginé que ella podía haberse fijado en mí.
Desde ese momento comencé a romperle las pelotas a Laura para que organizara alguna salida de a cuatro con Ana y algún amigo mío.
Luego de ver que mi querida amiga tenía menos intención de hacerme pata que de tirarse en un barril por las cataratas del Iguazú, decidí pasarla a buscar para que le fuéramos a tocar el timbre a Ana diciendo que pasábamos por ahí y que viniera con nosotros a tomar un café.
Ana era del interior y estaba alquilando un departamento en el centro, junto con su hermano, para poder asistir a la facultad de medicina donde cursaba, si mal no recuerdo, el cuarto año.
A los cinco minutos de que Laura le habló por el portero eléctrico, baja Ana y se sube a la parte de atrás del auto.
-Ay chicos… Justo está mi hermano con fiebre y no me puedo ir –dice de manera de saludo.
-Bueno, no importa, nosotros pasábamos cerca… -responde Laura.
-Que lindo auto –me comenta Ana, sólo como para parecer amable y darme algo de conversación, dado que ese auto no tenía nada de extraordinario.
-Es el Mark 5 –le respondo seriamente, ante la mirada desconcertada de Laura.
-Ah… Y vos serías…
-Meteoro –la interrumpo.
-¿Cómo andás Meteoro? –pregunta Ana enganchándose en mi boludez.
-Bien… Buscando un copiloto… ¿No querés ser Trixi?
-Dale…
-Bueno, ¿qué te parece si el viernes te paso a buscar y salimos a probar el Mark 5?
-El viernes… -comienza a decir dubitativa.
-Bueno, te llamo y vemos. Le pido tu teléfono a Laura –le digo mientras pongo en marcha el auto.
-Bueno… Dale…
Ana se despide entonces de Laura y al acercarse para saludarme me dice sonriendo –Chau Meteoro…
-Chau Trixi.
Cuando Ana entra en su departamento pongo primera, arranco y la miro de reojito a Laura, quien estaba como intentando encontrar la explicación a lo sucedido.
-Vos estás loco –me dice seriamente.
-Ta tarara, ta tarara –le canto la canción de Speed Racer, mientras me agacho en el asiento y como el volante con los brazos bien estirados al estilo de los pilotos de fórmula uno.
-Yo no lo puedo creer –me dice con gesto de indignación.
En aquel momento lo único que me importaba era que había conseguido el OK de Ana para llamarla y salir.
Y el viernes siguiente salimos nomás.
Recuerdo que ya cansado de tomar tantos recaudos antes de una cita, esta vez decidí hacer lo que me viniera en mente. Si había resultado la de Meteoro…
En aquel momento estaba como mal visto salir con el autito recién lavado. Yo no sólo lo lavé, sino que le dejé colgado del encendedor el cartoncito perfumado que te ponen en el lavadero.
Puse en el stereo una cinta con temas lentos antiguos y dejé a propósito al lado de la palanca de cambios la cajita del cassette de la telenovela “Dos para una Mentira”, en cuya tapa se veían sus protagonistas Horacio Rainieri y Marco Stell.
-¿Y esto? –preguntó Ana, desconcertada, al ver el cassette.
-Un bati repelente infalible contra tiburones –respondí.
-No, en serio –dijo riendo.
-El cassette de “Dos para una mentira” –le dije como si tal cosa, con una sonrisita que develaba mi conocimiento a cerca de lo bizarro de la elección.
-Ay… Ponelo… -dijo Ana riendo.
-Espera… Después… Este otro está bárbaro.
Fue así como al compás de temas como “Lady in Red” o “All out of love” fuimos jugueteando a Trixi y Meteoro hasta Bahamas, un lugar bastante setentoso que quedaba en la costanera y permitía charlar cómodamente en una terraza al aire libre frente al río.
Luego de estar un buen rato charlando animadamente, le dije:
-¿Cruzamos a ver el mar?
-¿El mar?
-Bueno… Qué se yo… Con un poco de imaginación…
El río estaba bastante picadito y había algo de viento, lo cual daba una sensación de qué sé yo que cosa que estaba buena.
Contemplamos el paisaje por un rato y volvimos al auto.
-Querías escuchar éste, ¿no? –le dije antes de poner el auto en marcha, enseñándole el cassette de la telenovela de la tarde.
-Sí… Dale…
Así fue como comenzamos a escuchar a Sergio Dennis decir “Dame luz… Si la sombra nubla al sol…” y un clima de excesivo romanticismo dominó el ambiente.
Su sonrisa inicial por la originalidad de mi cassette comenzó a cambiar.
“…Dame luz… Si el camino se ocultó…”
Yo me limitaba a mirarla a los ojos… O mejor dicho, a admirarla.
“…Dame luz… Si llegó la soledad…”
Ella también me miraba.
“…Si estoy mal… Dame amor…”
Me acerqué y sin quitar mis ojos de los suyos, le corrí el cabello que caía sobre su cara. Ella como un acto reflejo, bajó nerviosamente la mirada.
-No te asustes –le dije sonriendo mientras le levantaba suavemente la cara- sólo quiero darte un beso.
“…Dame luz…”
La besé suave y brevemente. Luego encendí el auto y comencé a conducir lentamente por la costanera, lo cual le hizo sentir que yo no era un zarpado que se le iba a tirar encima y, evidentemente, eso la hizo sentirse segura.
En resumen: lavé el auto, dejé colgado el desodorante, jugué a Meteoro y Trixi, me mandé a tomar algo a Bahamas en la costanera, crucé a ver el río, puse el tema “Dame luz” del cassette de la telenovela “Dos para una Mentira” y terminé ganando.
¿Qué fue lo que me hizo ganar? Que fui distinto. Que no me copié nada de nadie. Que no intenté demostrar lo que no era. Que fui absolutamente original.
Con Ana estuvimos juntos tres o cuatro meses.
Poco tiempo después de romper con ella, invité a salir a otra chica. Y para qué andar pensando. Si tenía una receta que ya había funcionado una vez ¿por qué no iba a funcionar de nuevo?
Volví a lavar el auto, otra vez dejé colgado el desodorante, la llevé a Bahamas, cruzamos a ver el río, dejé a la vista la tapa del cassette de la telenovela “Dos para una Mentira”, puse el tema “Dame luz” de Sergio Dennis y terminé ganando.
Ya no me acuerdo cuantas minas me gané haciendo exactamente lo mismo.
Siete… Ocho…
Algunos amigos que conocían la historieta me cargaban.
Yo les respondía: -Y bueno loco, si y haciendo eso ya se que gano, ¿para qué quieren que cambie?
Claro que con el tiempo, me empecé a aburrir de hacer siempre lo mismo.
Parecía Bill Murray en “El día de la marmota” (o “Hechizo del tiempo”).
Un día, las circunstancias me obligaron a encarar a una mujer sin poder seguir con los ya conocidos ritos… Y gané igual.
Es que en realidad no se trataba de una rutina infalible, sino que hasta ese momento me había dado resultado porque el éxito obtenido en otras oportunidades me daba la seguridad y confianza en mí mismo fundamentales para alcanzar el objetivo en cualquier proceso de seducción. Pero principalmente porque me veían como a un hombre que actuaba de manera distinta al resto. Un tipo con buen humor, que se atreve a dejar la para de ese cassette a la vista, que hace o dice cosas sin necesidad de estar permanentemente en pose o midiendo sus comentarios y que se anima a mirarla a los ojos escuchando el tema “Dame luz”.
En definitiva, y confesado por algunas de ellas, había sido “original”.

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