LA MUJER DE TUS SUEÑOS INSTRUCCIONES PARA ENAMORARLA (FABIO FUSARO Y BOBBY VENTURA) – Nada puede empeorar

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Cuando nos gusta una mujer, pero cuando nos gusta en serio, nos cuidamos extremadamente de no dar un paso en falso. Necesitamos que todas nuestras acciones sumen puntos, pero estamos más preocupados en no restar.
Por eso medimos cuidadosamente los movimientos; no vaya a ser caso que queden nuestros sentimientos al descubierto y que ella nos haga un desplante, o se burle de nosotros, o que simplemente con una negativa de su parte se terminen nuestras posibilidades de ser algo más que su amigo, o su compañero de estudios o trabajo.
Es así como siempre intentamos y muchas veces conseguimos sentarnos a su lado en la mesa de café que habitualmente compartimos con más gente, elegimos consultar con ella alguna duda en el trabajo y no con otra persona, nos hacemos su confidente, le hacemos bromas, le contamos nuestras cosas, pero no vamos más allá.
A veces, puede tratarse de una mujer que no tiene relación directa con nosotros, como por ejemplo la hermana de un amigo, la amiga de una prima, una vecina de tu mamá, etc.
En esos casos, somos muy cuidadosos de nuestra apariencia, medimos mucho nuestros actos para no decir ni hacer nada inadecuado, buscamos temas de conversación que podamos compartir con ella y así sentimos que de a poquito estamos avanzando; pero como decíamos antes, más preocupados en no restar puntos que en sumarlos.
Y nos suele pasar que un buen día nos enteramos que está saliendo con otro tipo.
Muchas veces ese chabón tenía tantas posibilidades de ganársela como nosotros o tal vez menos.
¿Qué es lo que lo diferenció de nosotros, entonces?
Que el otro lo intentó directamente.
O tal vez, le venía haciendo un jueguito desde hace tiempo y le dio la estocada final, mientras nosotros seguíamos preguntándole cómo le fue en sus exámenes y sintiéndonos más cerca de nuestro objetivo porque nos habíamos quedado charlando durante diez minutos.
Tenemos que empezar a cambiar de actitud con respecto a esa mujer que tanto nos gusta.
Si analizamos fríamente la situación, vamos a sacar como conclusión lo que suele llamar “una verdad de Perogrullo”, pero verdad al fin: hoy no la tenemos. Si nos encaminamos en forma más directa a nuestro objetivo, sin tantos temores y rodeos, lo peor que puede pasar es que obtengamos de su parte una reacción negativa y continuemos como hasta ahora, sin tenerla.
O sea que nada empeorará.
Además, tenemos que tener en cuenta que estas reacciones negativas no siempre son definitivas, y como dijimos anteriormente, pueden ser producto del temor que las mujeres también sienten o simplemente una falta de decisión momentánea.
La única manera de ganarte a esa mujer, es que se entere de lo que te pasa con ella. No hay otra, por más que le queramos buscar la vuelta.
Es importante en esta primera etapa empezar a asumir que tenemos que pasar a la acción.
¡¡¡Esperá!!! ¿Adónde vas, animal? Así no… Tené un poco de paciencia y seguí leyendo, que tampoco es cuestión de mandarse a lo bestia. Si bien debemos reconocer que mandarse a lo bestia es mejor que no mandarse, vayamos paso a paso aprendiendo a jugar mejor.
Porque esto en realidad no es otra cosa que un juego.
Un juego donde hay que saber cuándo y cómo avanzar, cuándo y cómo retroceder y hasta dónde mostrar las cartas.
Antes dijimos que la mujer no es el enemigo, sino que nuestro verdadero enemigo es el temor que sentimos y que nos paraliza. Ellas, dentro de este juego, podríamos decir que ocupan el lugar de un “cuasi” adversario. Y decimos “cuasi” porque un verdadero adversario es alguien que está jugando en contra de nosotros con la intención de ganarnos y ese no es el caso.
Las mujeres no pueden ganar, porque el premio que está en disputa son ellas mismas.
A lo sumo podrán tratar de impedir que ganemos nosotros y es ahí donde debemos utilizar toda nuestra cintura de jugador (iba a decir nuestra muñeca, pero temí que pudiera dar lugar a interpretaciones erróneas) y todas nuestras técnicas, para cambiarles su cara de orto por una sonrisa, despertarles curiosidad, provocarles admiración y así transformar un “no” en un “sí”.

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