Leyendas del Motociclismo: Ada Carrera, una motociclista que desafío las reglas de su tiempo

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Cuando pensamos en el mundo del motociclismo, regularmente -y gracias a las típicas películas de Hollywood- imaginamos a hombres que sobre una chopper van recorriendo un país entero junto a su club de motociclistas, con algunas mujeres como copilotos. Pero la realidad es que muchas de ellas logran dominar las curvas del camino, cambiando las reglas del juego.

En México existe una mujer que con el tiempo se ganó el respeto y un lugar en el deporte del motociclismo, pero que también ya es una leyenda: Ada Amelia Carrera.

Hoy queremos hacerle un homenaje a esta mujer que recorrió la pista, incansable y orgullosa de ser una mujer motociclista.

Su historia

Ada nació en Madrid, España (1936 -2020)

Hija de padre mexicano y madre cubana. En su infancia los viajes eran constantes debido a que su padre fue nombrado naval attaché y, en consecuencia, trabajó en la embajada de México en Washington D. C., durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que llevó a la pequeña Ada a dar un discurso en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para soldados estadounidenses, a la corta edad de 10 años, su mensaje se transmitió en radio y cine. 

Afortunadamente, al terminar la guerra, ella y su familia regresaron a México, donde sin imaginarlo, la esperaría el mundo de las dos ruedas. Todo un universo lleno de historias y adrenalina, dos aspectos que forman parte del día a día de un apasionado motociclista.

El inicio de su pasión

Todo comenzó en la Ciudad de México, trabajaba en una pequeña tienda en el centro de la ciudad, donde el hijo del dueño la llevó a dar su primer viaje en moto sin saber que le esperarían miles de aventuras en un futuro no muy lejano. El viento rozando su rostro, la sensación de libertad y el ruido del motor, le hizo conocer la generosidad que esta afición te brinda: olvidar tus problemas, con hermosos paisajes y nuevas experiencias.

Adelantada a su época, Ada comenzó a vestir con botas, una mascada de color rojo y guantes color lila, un look que claramente marcó su identidad. Los hombres solían usar chamarras de cuero y botas al estilo de la película “El Salvaje” de Marlon Brando.

Su fuerte personalidad y determinación al ser una de las pioneras en un mundo que entonces era dominado por el sexo masculino, le valió ser expulsada del Moto Club México por protestar al no dejarla entrar a un lugar considerado sólo para hombres.

En múltiples entrevistas, ella narró el episodio como si fuera ayer: “le di una cachetada al Capitán de Carretera, me pasaron a la Mesa de Honor y de Justicia y me corrieron junto con todas las mujeres, pero me fui al MotoClub Independiente”.

Aunque para otras personas esto podría haber sido el fin, para Ada sólo fue el origen de su empoderamiento.

Sus victorias

Participó en la Federación Mexicana de Motociclismo, donde se le otorgó un reconocimiento por el Campeonato Nacional de 1972 en un óvalo de la Confederación Deportiva Mexicana.

A lo largo de su carrera deportiva conquistó 17 campeonatos, y en el 2012 la Cámara Nacional de la Mujer la nombró Mujer del Año. En el 2019 el Salón Internacional de la Motocicleta (SIMM) la reconoció por su activismo dentro del motociclismo.

Pero, sin duda uno de sus mayores logros fue fundar la Asociación Femenil de Motociclismo, junto a sus amigas.

Su última rodada

Su vida estuvo llena de grandes aventuras, una de ellas fue en septiembre de 2019 con la Rodada sin Límites, organizada por ITALIKA y la Fundación México Incluye, primera rodada inclusiva a nivel nacional en la que participaron 21 motociclistas, personas con y sin discapacidad que recorrieron más de 3 mil 200 km. Ada, los acompaño en este viaje por 19 ciudades en 12 estados de la República Mexicana.

Esta travesía le mostró uno de sus mayores aprendizajes, el valor y optimismo que tienen las personas con discapacidad para seguir viviendo y sobre todo el sentirse orgullosa de que a sus 83 años aún podía con todo. “Tanto hombres como mujeres que participaron en la rodada son más fuertes que nadie, los admiro muchísimo, sobran arrugas, pero no me falta nada. Esas mujeres son increíbles. En sillas de ruedas o sin poder ver, estar en una moto durante 29 días va a ser un recuerdo inolvidable. Esa es mi experiencia, vivan y sean felices”.

En sus últimos años, Ada compartía otra de sus aficiones con su hijo, la astronomía. De la que se dedicaba a realizar conferencias y paseos con especialistas.

En 2020 Ada llegó al final de la carrera, dejando una gran huella en el motociclismo femenil. Algo es seguro, su historia prevalecerá como una gran leyenda.

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