Masaje de Espalda 2 – La importancia del Donante y el Receptor

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EL Donante
Es aconsejable llevar ropa cómoda y holgada mientras se dá masaje. Deberá lavarse las manos y comprobar si tiene las uñas cortas. No lleve reloj ni anillos. La otra persona tampoco llevará collares, pulseras u objetos que pudieran molestar para el masaje. Si utiliza aceite, el receptor debería estar preferentemente desnudo, aunque habrá que respetar siempre los deseos de la otra persona si se siente mejor parcialmente vestida. Su pareja ha de estar cómoda, con cojines bajo las rodillas y abdomen. Durante el masaje hay que procurar estar relajado y concentrado en todo momento. Lavarse las manos al finalizar el masaje.
El Receptor
El receptor del masaje ha de jugar un papel importante en toda la sesión. Una vez sentado o tumbado deje que el cuerpo se relaje, dejese ir. Cierre los ojos y concentrese en su respiración. Olvide sus preocupaciones. Al sentir las manos del masajista, sea receptivo y concéntrese en las sensaciones que genera ese contacto. Cuando el masajista eleve o mueva sus miembros, usted deberá abandonarse más que intentar colaborar con él. Si le gusta especialmente algún tipo de presión o movimiento, o si la presión es en algún momento excesiva, hágaselo saber al masajista.
Preparese antes de dar un masaje Antes de empezar a dar masaje sobre la espalda hay que untarla con aceite o crema hidratante. Ello permitirá poder deslizar las manos sobre la superficie de forma suave y regular, sin producirle una fricción molesta. No se exceda en la cantidad de crema utilizada ya que si la espalda está muy empapada, no se podrá ejercer el contacto adecuado.
Puede utilizar cualquier aceite vegetal, como por ejemplo de girasol o de almendras. El aceite de oliva es demasiado viscoso. Caliente un poco el aceite o la crema que vaya a usar colocando el recipiente en agua caliente.
Antes del primer contacto con la espalda vierta el aceite o crema en la palma de la mano, restriegue las manos para repartir bien la crema.
Aprenda a colocar las manos El contacto inicial con las manos reviste suma importancia. Si las manos de la persona que da masaje expresan cuidado, sensibilidad y confianza, se establecerá el tono adecuado para el resto del masaje. Sus manos deben tocar al receptor con autoridad y suavidad a fin de que éste tenga confianza en ellas. Es el contacto inicial el que asegura inmediatamente la confianza y sumisión.
No se puede dar masaje con eficacia a menos que el receptor esté dispuesto a recibir. El receptor debe permitir que el masajista penetre en la esencia misma de su ser.
Coloque suavemente una mano sobre el sacro y la otra directamente entre los omóplatos. Deje que sus manos contacten con el cuerpo del receptor de la misma manera que la mantequilla se derrite sobre un pastel.
Cuando sus manos se encuentren en reposo total, todo su cuerpo debe estar relajado. Mantener este contacto durante diez segundos. Asegúrese de que sus muñecas y manos están relajadas, ya que unas manos tensas comunican tensión al receptor.

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