Si es posible producir alimentos sostenibles para impulsar la economía circular

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El concepto de economía circular surgió por primera vez en occidente en la década de los ochenta, sin embargo, fue hasta hace un par de años que este modelo tomó relevancia, motivado principalmente por las claras afectaciones climáticas que enfrenta el planeta. Contrario a lo que se cree, este concepto no es exclusivo del sector económico y financiero, sino que puede aplicarse a todas las industrias.
 
Dentro del sector alimentario, la prioridad es garantizar el acceso a los alimentos para la población mundial, a la vez que se protegen y regeneran los ecosistemas (biodiversidad, suelo, agua, aire). Los consumidores son hoy más exigentes, pues buscan comestibles de calidad, a un precio asequible y también, que provengan de fuentes amigables con el entorno.
 
Los medios de producción actuales tienen un impacto negativo en el medio ambiente, dado que el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a nivel global están relacionadas con los alimentos. La principal causa de este impacto recae en el desperdicio, ya que cerca de un tercio de la producción mundial de alimentos se desecha cada año.
 
En México – de acuerdo con el reporte pérdidas y desperdicios de alimentos del Banco Mundial (BM) – el total de productos no aprovechados alcanza las 20.4 millones de toneladas anuales. Esta cantidad podría cubrir la demanda alimentaria de por lo menos 7.3 millones de mexicanos, lo cual tiene un impacto en la economía nacional de aproximadamente 491 mil millones de pesos.
 
“Los objetivos que tenemos que establecer no son sólo reducir el desperdicio de los alimentos, sino también plantear el método que ayudará a mejorar nuestros hábitos de consumo, para procurar que a todo lo que se adquiera se le dé un uso óptimo. Incluir en nuestra vida el modelo de la economía circular no sólo generará beneficios para el medio ambiente, también para nuestro bolsillo. En Veolia tenemos el compromiso de manejar de forma sostenible los recursos naturales a través de la economía circular, frenar el cambio climático y promover la conservación de la biodiversidad.”, señala Lillian Salazar, Directora de Comunicación Corporativa de Veolia México.
 
De acuerdo con Jean-Luc Fessard, periodista especializado en medio ambiente y fundador de la asociación Bon pour le Climat, la mejor forma de reducir el impacto ambiental de los alimentos comienza con cuidar lo que comemos, puesto que las dietas basadas en carne generan emisiones de hasta 5kg de CO2 más, a diferencia de aquellas a base de vegetales.
 
Por otra parte, expertos mencionan que combatir el desperdicio de alimentos es una cuestión de cultura y educación, ante esto, ya han surgido varias iniciativas como la start-up Eqosphere, que conecta a varios contribuyentes, asociaciones públicas y privadas para reutilizar los comestibles desechados.
 
En la actualidad, México colabora con un grupo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) en Roma, con el objetivo de desarrollar metodologías de medición de pérdida de alimentos y establecer metas en común.
 
La aplicación del modelo de economía circular, más que una tendencia, se convierte en una necesidad para contribuir con la conservación del planeta y la optimización de recursos, cada vez más limitados. Desde 1970 se han consumido más recursos naturales de los que el planeta puede regenerar en un año. A este ritmo, se prevé que para 2050 necesitaríamos el equivalente a 2.5 planetas por año para obtener los recursos más básicos.
 
Pero, ¿cómo llegamos a esto? Especialistas perfilan el crecimiento exponencial de la población como la principal razón. Actualmente, 7 mil millones de seres humanos habitan el planeta Tierra, y se espera un crecimiento de 2 mil millones de personas más en tan sólo 32 años. Esta población requerirá y exigirá el acceso a recursos como agua, alimentos y energía.
 
Con 4 mil millones de artículos desechados cada año y el reciclaje de solo una cuarta parte de ellos, es claro que el sistema de economía lineal: extraer, producir, consumir y desechar, ya no es sostenible. Es necesario cambiar el enfoque y adoptar un sistema circular, en el cual el desperdicio de una persona se convierta en los recursos de otra. La buena noticia es que alrededor del 80% de los desechos son reciclables.
 
Generalmente se asocia el concepto de reutilización de residuos únicamente con el reciclaje, no obstante, la economía circular tiene siete ejes angulares: reciclaje, reutilización, reparación, sistemas de servicio de productos, ecodiseño y ecologías industriales y territoriales.
 
 

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