Tips para no discutir con tu pareja en sus vacaciones

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En principio, suponemos todos que el verano es una época de relajación en la que se propician los momentos de ocio y tiempo libre, tenemos más tiempo de compartir y de estar unidos.Estas características que en principio pueden parecer positivas y agradables para cualquiera, se vuelven negativas para parejas que ya estaban acusando malentendidos a lo largo del año.

En vacaciones cambian los roles

A lo largo de todo el invierno, las parejas establecen una rutina laboral, social y familiar que se mantiene siempre firme, se producen pocos cambios y los dos miembros de la pareja se habitúan a esta dinámica.
Cada uno realiza sus tareas diarias y se mantienen cubiertas las necesidades de la familia. Los roles están bien definidos y hombre y mujer saben muy bien lo que les corresponde en cada momento.
Cuando llegan las vacaciones la cosa cambia bastante y necesitamos recolocarnos en la nueva situación, hay más tiempo libre y la pareja puede disfrutar de momento de ocio y relax, precisamente esta nueva rutina es la que puede minar la pareja que ya tenía problemas de relación en el invierno.

Surgen nuevas discrepancias

Aparecen discrepancias en muchos puntos, como “el lugar donde veraneamos”, “si nos acompañan los abuelos o no”, “la economía”…

Los niños pasan todo el día en casa y necesitan distracciones , con ello los padres pueden sentirse agobiados y descargar su malestar contra su pareja.
Culpabilidades y responsabilidades sirve de arma arrojadiza para el cónyuge que se comportará igual y generarán una verdadera batalla campal.
Las parejas sin hijos no tendrán este problema, pero si pueden aparecer situaciones de discrepancia en las que ninguno de los dos miembros está dispuesto a ceder.
No están acostumbrados a permanecer tanto tiempo juntos y suelen tener muchas horas de separación, con lo cuál el momento de volver a verse resulta positivo y las posibilidades de discusión son distintas.

Más tiempo juntos
Al llegar las vacaciones pueden discutir más a menudo y darse cuanta de actitudes de su cónyuge que no le gustan o que no aguanta. Al salir de un lugar estable en su residencia habitual, legan al lugar de veraneo, un lugar nuevo al cual hay que acoplarse. Las discusiones pueden aparecer por motivos varios como “donde se bañan”, “donde salir de noche”, “donde hacer la compra” “a que hora salimos a la playa”, etc. Y una pareja tranquila y conciliadora puede volverse inaguantable cuando existe un cambio al que no quiere adaptarse.
Es importante que negociéis desde un principio el lugar de veraneo y que las actividades que propongáis sean satisfactorias para los dos. Cuando alguno de nosotros nos sentimos dados de lado, abandonados o poco atendidos podemos generar sentimientos negativos que estropeen las vacaciones. Cuando la pareja sale solo con amigos, o va a realizar actividades de las que no participamos (pescar, correr, salir de noche) discutiremos al vernos fuera de lugar o al no tener las vacaciones que esperábamos, de ahí la importancia de negociar de antemano y de tener claro como serán nuestras vacaciones y de que nos satisfagan a los dos.

Muchas parejas permanecen prácticamente separados a lo largo del año y al llegar el verano tienen que estar juntos, esta situación puede hacer que no se adapten y que no sepan actuar, no tienen el hábito y se generarán discusiones por cualquier tema. Los roles se confunden o se intentan mantener , por eso no funciona.
Toda la familia tiene obligaciones

Un ejemplo claro es el padre que pretende seguir levantándose para desayunar y marcharse a la playa como si se fuera a la oficina, la madre se ocupa de los niños, la compra, la casa, limpieza de apartamento… Ella también está de vacaciones y demandará ayuda por parte del cónyuge , si éste no accede comenzará la batalla. Se supone que todos estamos de vacaciones y todos debemos de colaborar incluido los niños.

Cuando esto ocurre está claro que el marido está dejando de lado las necesidades de su pareja y por lo tanto no trabaja para que la relación sea equitativa, si esto ha sido así durante el invierno, en verano saldrá a la luz porque tendremos más tiempo para darnos cuenta, se harán más evidente la falta de apego hacia la pareja o la falta de cosas en común.

Antes de discutir hay que dialogar

La comunicación siempre es esencial en la pareja, si habéis vivido el último verano de forma negativa, es el momento de sentaos a establecer unos límites para que no vuelva a ocurrir. Cada uno de los dos debe bajar el muro y ceder un poco a las demandas de su pareja. Es importante saber escuchar y ponerse en el lugar del otro.

Hagan una lista con las demandas de cada uno e ir negociando qué es lo que estamos dispuestos a hacer por el otro y hasta que punto se pueden cambiar ciertas cosas. Cada miembro de la pareja debe comprometerse con los cambios que le competan y ser gratificado por ellos de tal manera que pueda disfrutar de pequeños momentos de ocio para él y sus caprichos.

Cosas que se han tenido que suprimir porque molestaban a la pareja pueden utilizarse como pequeños refuerzos cuando realmente se hace un esfuerzo por cambiar. Realmente no es necesario estar juntos las 24 horas del día y podremos organizar actividades por separado en el lugar de vacaciones para que los dos tengamos un desahogo y podamos disfrutar también de nuestros hobbies y caprichos cuando éstos no son compartidos por la pareja.

Discutir e intentar imponer nuestro punto de vista solo servirá para generar un mal ambiente tensiones que pueden hacer que nuestras vacaciones se conviertan en un estímulo negativo que se condicione para otros años. Tenemos que hacer lo posible para que nuestras vacaciones sean ideales y para que todos disfrutemos.

Cuando hay niños, los padres suelen volcarse en ellos para aprovechar el tiempo perdido durante el año, sin embargo, también se ha perdido tiempo para la relación de pareja. Por esto, también es importante que dediquéis pequeños momentos de relax para vosotros.
Dejad a los niños en alguna actividad y disfrutad de ese tiempo para vosotros dando un paseo, bañándoos o haciendo algo agradable. Una siesta en pareja puede ser muy gratificante.
Tened en cuenta que la negatividad vivida en el tiempo de verano puede alargarse hasta bien entrado el otoño, el malestar no mejora a pesar de haber vuelto a la rutina habitual y es el momento de abandonar o buscar alguna solución.
Debemos tener en cuenta que es el momento de sufrir el famosos síndrome postvacacional el cuál tiene unas características que pueden ayudarnos a tomar decisiones inadecuadas. Este síndrome se acompaña de angustia y estrés debido a la vuelta al trabajo y a la rutina, tristeza y melancólica pueden perjudicar a nuestra relación de pareja y hacer que las discusiones se incrementen y que la comunicación desaparezca.

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