Todo lo que debes saber de la película Tinskani

Hay imágenes que se clavan en la memoria como astillas, que regresan en los momentos de silencio y nos obligan a preguntarnos qué hacemos con lo que hemos visto. El cortometraje Tinskani no es solo una historia; es una experiencia sensorial que se adentra en ese territorio incómodo donde el morbo, el duelo y la obsesión se entrelazan. Dirigido por Claudio V. Ventosa, este proyecto mexicano llega como parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF), proponiendo un drama psicológico que reflexiona, con una crudeza visual hipnótica, sobre nuestra relación colectiva con la violencia y la muerte.

La trama de Tinskani sigue a un fotoperiodista especializado en nota roja, un hombre que ha hecho de la tragedia ajena su oficio. Cuando su mentor muere, en lugar de sumergirse en el luto, se encuentra atrapado por la última imagen que tomó: la fotografía del cadáver. Esa captura se convierte en un fantasma que invade sus pesadillas y su vigilia, mientras su pareja intenta, casi en vano, que enfrente la pérdida asistiendo al funeral. El protagonista, interpretado por Guillermo Meneses, deambula por paisajes urbanos y rurales del Estado de México que magnifican su aislamiento, cruzando caminos con personajes enigmáticos —un teporocho local, una mojiganga— que parecen espejos de su propia crisis. En lugar de procesar el dolor, huye hacia adelante, buscando reemplazar esa imagen fantasmal con una nueva toma, perpetuando así el ciclo de mirar y capturar el horror.

Una reflexión íntima sobre lo que decidimos ver

Lo que hace a Tinskani un trabajo particularmente potente es su base en una inquietud personal muy profunda. El director Claudio V. Ventosa ha compartido que el proyecto nace de su propia exposición desde la infancia a un entorno visual saturado de violencia. “La primera vez que vi un cadáver fue a los 11 años… es una imagen que recuerdo nítidamente”, ha explicado. Tinskani es, por tanto, el resultado de una investigación interna para comprender el efecto psicológico que tiene el consumo constante de imágenes violentas, un fenómeno que afecta a millones de personas. La película se plantea como una exploración audiovisual sobre esta fricción: la que existe entre la belleza estética de una composición fotográfica y la brutalidad de lo que representa.

El diseño visual del cortometraje es un personaje en sí mismo. Las locaciones, cuidadosamente elegidas, construyen una atmósfera de desasosiego y alienación que envuelve al espectador. No se trata de un relato explícito, sino de una propuesta que invita a una reflexión activa. ¿Hasta qué punto nos hemos insensibilizado? ¿Qué buscamos cuando miramos el dolor ajeno? Tinskani no ofrece respuestas fáciles, sino que coloca al público en la misma posición de su protagonista: como testigos que deben decidir qué hacer con lo que están viendo.

Dónde y cuándo ver este notable cortometraje

Para quienes deseen experimentar Tinskani en la pantalla grande, el cortometraje tendrá varias funciones durante el GIFF, tanto en Guanajuato Capital como en San Miguel de Allende. Esta presencia en la selección oficial de uno de los festivales más importantes del país habla del reconocimiento crítico que está obteniendo. Las proyecciones están programadas para:

  • En Guanajuato Capital:
    • Domingo 26 de julio, 11:00 AM en Cine+ Sala 1 (Selección Oficial Guanajuato).
    • Domingo 26 de julio, 8:00 PM en el Teatro Cervantes (Selección Oficial Corto Mexicano, Programa 7).
  • En San Miguel de Allende:
    • Jueves 30 de julio, 12:30 PM en el Auditorio Miguel Malo del Centro Cultural “El Nigromante”.
    • Viernes 31 de julio, 7:00 PM en el Teatro Rodolfo Fernandez del Centro Cultural Instituto Allende.

El reparto, que además de Guillermo Meneses incluye a Kathia Violeta y Miguel Cruz Olvera, aporta la intensidad necesaria para sostener un relato que transita por los bordes de la cordura. Producido por Alejandra M. Insausti y distribuido por Benuca Films, Tinskani se consolida como un ejemplo del cine mexicano que no le huye a los temas complejos, que utiliza el formato del cortometraje para impactar con precisión y dejar una huella duradera. Es una invitación a mirar, sí, pero sobre todo a pensar en el peso de nuestra mirada.

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