Tomorrowland – Notas de Producción

IMAGINA UN LUGAR EN DONDE TODO ES POSIBLE

De Disney llega la fascinante aventura de misterio del dos veces ganador de un premio Oscar® Brad Bird: TOMORROWLAND, protagonizada por el galardonado con un premio de la Academia® George Clooney. Unidos por un mismo destino, Frank (Clooney) —quien fuera un niño prodigio, ahora hastiado de tantas desilusiones— y Casey (Britt Robertson) —una brillante y optimista adolescente llena de curiosidad científica— se embarcan en una peligrosa misión para develar los secretos de un enigmático lugar emplazado en algún punto del tiempo y el espacio, conocido como TOMORROWLAND. Y su misión allí cambiará tanto al mundo como a ellos para siempre.

 

La película es dirigida, producida y co-escrita por el dos veces ganador de un premio Oscar®, Brad Bird (Misión Imposible: Protocolo fantasma, LOS INCREÍBLES). También es producida por Damon Lindelof (Star Trek – El futuro comienza, Star Trek: En la oscuridad) y Jeffrey Chernov (Star Trek – El futuro comienza, Misión Imposible: Protocolo fantasma). John Walker (LOS INCREÍBLES), Bernard Bellew (Los miserables, Exterminio 2), Jeff Jensen y Brigham Taylor (el próximo estreno de Jungle Book) son los productores ejecutivos.

 

Con guión del autor y del co-creador de la serie “Lost”, Damon Lindelof y Brad Bird, y basada en una historia de Lindelof, Bird y Jeff Jensen, TOMORROWLAND también es protagonizada por Hugh Laurie (Mr. Pip; la serie de televisión “Dr. House”), Raffey Cassidy (Sombras tenebrosas, Blancanieves y el cazador), Tim McGraw (Un sueño posible, Four Christmases) Kathryn Hahn (Hasta que la muerte los juntó), Keegan-Michael Key (“Key & Peele”, Quiero matar a mi jefe 2) y Thomas Robinson (The Switch).

El excepcional equipo de Bird incluye al director de fotografía ganador de un Oscar® Claudio Miranda (Una aventura extraordinaria, El curioso caso de Benjamin Button), el diseñador de producción Scott Chambliss (Star Trek – El futuro comienza, Star Trek: En la oscuridad), el diseñador de vestuario nominado a un premio Oscar® Jeffrey Kurland (El origen, La gran estafa), el editor ganador de un premio de la Academia® Walter Murch (El paciente inglés, Regreso a Cold Mountain) y el editor Craig Wood, A.C.E. (GUARDIANES DE LA GALAXIA, EL LLANERO SOLITARIO).

 

TOMORROWLAND, cuyo estreno en los Estados Unidos se prevé el 22 de mayo de 2015, promete embarcar al público en un viaje electrizante de interminables aventuras a través de dimensiones nuevas, sólo imaginadas en sueños.

 

 

UNA IDEA SE CONVIERTE EN UNA HISTORIA: EL MISTERIO SE DEVELA

 

“Tomorrowland” fue creada en 1955 por Walt Disney como una atracción del parque temático Disneyland. En aquella época, los norteamericanos tenían una visión optimista del futuro. Pero con los años, esa visión del público comenzó a ensombrecerse. El director de la película Brad Bird declara: “Siempre que tienes una página en blanco delante, puedes verla de dos formas diferentes: una, como algo vacío; otra, como algo abierto a infinitas posibilidades. Y así es como me gusta juzgar lo venidero: como algo abierto a nuevas oportunidades. Es una visión del futuro que ha perdido aceptación”.

 

Este cambio también intrigó al guionista y productor Damon Lindelof, de manera que cuando comenzó a sintetizar la historia de TOMORROWLAND, se concentró en el significado que tenía “Tomorrowland” y cómo podía convertirlo en el argumento de una película. “Quería volver a rescatar ese optimismo original”, comenta Lindelof.

 

La historia de TOMORROWLAND comenzó con una caja rotulada “1952”, supuestamente descubierta por accidente en un archivo de los estudios Disney. La misteriosa caja contenía toda clase de fascinantes maquetas y planos, fotografías y cartas relacionadas con la creación de “Tomorrowland” y la Feria Mundial de 1964. Emocionado por el hallazgo, Lindelof recuerda: “Comencé a imaginar que el contenido de la caja era una guía a una historia secreta que nadie conocía. Pero, de ser así, ¿cuál sería esa historia? Y la respuesta más obvia, para mí, era que de verdad había un lugar llamado Tomorrowland que no era un parque temático, sino que existía en algún lugar del mundo real”.

 

Lindelof comenzó a investigar la historia de Disney y su creador para desarrollarla, lo que lo llevó a bucear en la participación de la compañía en la Feria Mundial de 1964. “Walt Disney era un futurista, en el verdadero sentido moderno, de mediados de siglo, de la palabra”, refiere Lindelof. “Era sumamente optimista. Creía que la tecnología era la clave para poder construir un mundo mejor. Además, creía que la tecnología era un medio para crear gran entretenimiento. Para la Feria Mundial de 1964, la Walt Disney Company creó tres atracciones, siendo la más recordada “It’s a Small World”. Si bien “Carousel of Progress” y “Great Moments with Mr. Lincoln” hoy pueden parecer pintorescas para los estándares actuales, en 1964 ambas atracciones fueron revolucionarias en el uso de la robótica y la tecnología para crear una experiencia temática única.”

 

Lindelof agrega: “Y, además, había un radical optimismo de fondo. Esto era en 1964; el mundo acababa de salvarse de una catástrofe termonuclear como resultado de la crisis de los misiles en Cuba y la canción ‘It’s a Small World’ fue escrita en respuesta a ese mundo que había llegado al borde de una guerra nuclear, había retrocedido, y ahora ansiaba reforzar que no debemos destruirnos a nosotros mismos. La letra: “Es un mundo de esperanzas y un mundo de temores” aludía a esa ansiedad. Como hoy en día parece tan adorable y sentimental, considero fascinante que la atracción contuviera esa angustia que imperaba en el mundo real. Encerraba un mensaje político radical, pero uno también muy idealista”.

 

El éxito de la Feria Mundial permitió a Disney recaudar fondos para su próximo gran proyecto: la Comunidad Prototipo Experimental del Mañana, o Epcot. La visión de Disney era la de crear una ciudad modelo que serviría como banco de pruebas para el desarrollo y la organización urbanos; sería una verdadera Tomorrowland donde la tecnología se fundiría con la planificación urbana para crear un entorno perfecto donde vivir. Sin embargo, Walt Disney falleció antes de poder construir Epcot, y The Disney Company decidió que no deseaba administrar una ciudad sin su liderazgo. El concepto de la comunidad modelo se modificó para crear una enorme “Feria Mundial permanente”, con dos pequeños distritos residenciales para los empleados y sus familias. El parque aún existe en Lake Buena Vista, Florida.

 

“Walt Disney innovaba en forma constante”, señala el director Brad Bird con admiración. “Nunca temía ser el primero en hacer algo. Fue uno de los pioneros en introducir sonido y color en la animación. Fantasia presentó sonido estereofónico quince años antes que cualquier otra persona lo utilizara. Cuando comenzó a trabajar en Disneyland, todos pensaban que estaba loco. Solía arrojarse del avión primero, y luego improvisaba un paracaídas en la misma caída. Le apasionaban ciertos temas como los viajes al espacio; basta con ver los especiales que realizó con Ward Kimball a fines de la década de 1950 para ver lo entusiasmado que estaba Walt con la idea del progreso. Tenía una inmensa curiosidad y “Tomorrowland”, la Feria Mundial y Epcot, representan eso”.

 

Bird agrega: “Uno de los lemas de Disney era: ‘Yo no hago películas para hacer dinero, yo hago dinero para hacer películas’. ¿Era un hombre perfecto? No. Pero cuando uno observa todo lo que logró en su vida es sencillamente impresionante. Así que yo lo considero un innovador. Tenía una visión muy proactiva y positiva del futuro. Me gusta pensar que esta película sería algo que él disfrutaría”.

 

Cuando Lindelof finalizó su investigación, contactó a Jeff Jensen para que lo ayudara a continuar desarrollando la historia. “Cuando estaba realizando ‘Lost’”, cuenta Lindelof, “Jeff estaba trabajando como periodista en la revista Entertainment Weekly. Tenía esta mente increíblemente imaginativa. Veía ‘Lost’ todas las semanas y luego venía a mí con todas estas locas teorías tan creativas que con frecuencia me encontraba deseando haber sido lo suficientemente inteligente como para haber hecho la serie acerca de lo que Jeff creía que trataba. De manera que él era, exactamente, la persona que yo necesitaba para ayudarme a crear una historia de ficción que conectara todos los elementos que había hallado en la caja”.

 

TOMORROWLAND es la quintaesencia de una película Disney”, señala el productor ejecutivo Jeff Jensen, quien además se encargó de la historia junto con Bird y Lindelof. “Está imbuida de los valores de Walt Disney: verán algunos efectos especiales asombrosos y una narración muy innovadora. Además, intentamos mantenernos fieles al espíritu encarnado en lugares como Tomorrowland y Epcot: sitios que Walt imaginó que estarían constantemente desarrollando ideas nuevas para el futuro. Walt y su obra estaban constantemente cambiando, constantemente evolucionando, porque en su mente el futuro no era algo fijo; el futuro es un proyecto que no concluye nunca”.

 

Lindelof y Jensen escribieron un detallado primer borrador de la historia; luego Brad Bird y Damon Lindelof salieron a almorzar y, según cuenta Lindelof: “Resultó que Brad sabía bastantes cosas sobre Walt Disney y todo cerró. Brad y yo comenzamos a escribir juntos la trama a partir de ese momento”.

 

Es cierto que el guionista y director Brad Bird no es ajeno al mundo de Disney, lo cual no se debe únicamente a las películas anteriores en las que ha trabajado. Cuando tenía 11 años de edad, Bird desarrolló un gran interés por la animación y visitó los Disney Studios. En el término de tres años, finalizó una película animada de 15 minutos de duración que llamó la atención de Disney Animation; la compañía ofreció asignarle un mentor —el famoso maestro de la animación Milt Kahl— al entonces joven de 14 años. Así fue como Bird se alojó en casa de un amigo de la familia, en la ciudad de Los Ángeles, para aprovechar esta oportunidad única.

 

Refiriéndose a la historia de TOMORROWLAND, Bird señala: “Es una historia poco tradicional y los protagonistas son atípicos. Es una oportunidad para hacer un trabajo a gran escala, pero algo que, a su vez, espero que sea sorprendente. Encarna ambos aspectos del futuro: el aterrador y el maravilloso, los cuales de algún modo son inescrutables, así que creo que será una experiencia interesante”.

 

 

LA PROMESA DE TOMORROWLAND

En la película, la premisa de que la ciudad futurista de Tomorrowland podría realmente existir rinde homenaje a la visión de Walt Disney tanto para la atracción “Tomorrowland”, de Disneyland, como la de Epcot en Disney World, en donde las tecnologías en constante desarrollo se exhiben junto con distintas ideas que buscan hacer del mundo un lugar mejor para todos. Sin embargo, muchos creen —aunque es generalmente considerado un mito— que Walt Disney formaba parte de un grupo secreto de pensadores y optimistas y que Tomorrowland podría realmente existir en otra dimensión, como resultado del pensamiento avanzado e ideas futuristas desarrolladas por el grupo.

La historia refiere que el brillante ingeniero francés Gustave Eiffel, quien diseñó y construyó la famosa Torre Eiffel, se había construido un apartamento privado dentro de la torre, desde donde luego llevaría a cabo observaciones meteorológicas y distintos experimentos científicos. Cuenta la leyenda que una fatídica noche de otoño de 1889, Eiffel invitó a tres de sus más ilustres pares —el norteamericano Thomas Edison, el francés Jules Verne y el serbio Nikola Tesla— a una reunión secreta en el apartamento para hablar del futuro.

 

Esa noche, muchos creen que los cuatro hombres formaron una organización sumamente hermética, cuyo nombre en clave fue Plus Ultra, que moldearía el siglo siguiente y los siglos venideros. “Estos grandes pensadores elaboraron un plan para construir una ciudad del futuro”, sugiere el guionista Damon Lindelof, “que no pudiera ser controlada ni por el gobierno ni por intereses corporativos; sería la feria de ciencia utópica más maravillosa del mundo. Pero las dos guerras mundiales los hicieron posponer sus planes y, recién en la década de 1960, luego de que Walt Disney se uniera a la organización, este mundo secreto de innovación tecnológica pudo llevarse a cabo, pero escondido del ‘mundo real’”.

 

Llamada Tomorrowland, en referencia a la sección de Disneyland que Walt Disney había construido una década antes celebrando la tecnología, esta Tomorrowland alternativa desarrollaba tecnologías que Plus Ultra lentamente iba introduciendo en el mundo. “Tenían teléfonos celulares en la década de 1930”, conjetura Lindelof, “ya habían realizado viajes al espacio veinte años antes que eso y contaban con ingeniería espacial de avanzada sesenta años antes que nosotros. En la década de 1960 construyeron esta increíble ciudad y, desde entonces, ha estado de pie y funcionando sin cesar”.

 

Tomorrowland es un símbolo del espíritu de posibilidad y acción que marcó la carrera espacial de las décadas de 1950 y 1960, cuando “lo que imperaba era este sentimiento de que el futuro era algo que podíamos construir”, señala el productor ejecutivo Jeff Jensen, “que podíamos hacer que las cosas fueran mejores, tecnológica, política y socialmente; podíamos hacer un mundo mejor. Plus ultra es una expresión latina que significa ‘más allá’, y era el lema de los exploradores españoles. Eiffel y sus colegas se veían a sí mismos como exploradores; no de tierras nuevas, sino del potencial humano. Walt Disney era un candidato perfecto para la organización, y fue reclutado porque encarnaba esta idea de que el futuro es algo que luchamos por alcanzar constantemente. Pero las cosas han cambiado; hoy el futuro es mucho más sombrío, más incierto. Somos cínicos acerca del progreso; somos escépticos de que las cosas puedan mejorar. Vemos el futuro como algo que nos va a suceder y no como algo que estamos construyendo. Por supuesto, no todo ese mundo pasado era maravilloso; era mucho más complejo y político de lo que sabemos, y muchas cosas de ese mundo deberían dejarse atrás. ¿Pero, hay algo de ese futurismo idealista de mediados del siglo pasado que podamos recuperar? ¿Hay algo de eso que pueda ser relevante para el mundo actual?”

“Algo se perdió”, establece el director Brad Bird. “El pesimismo se ha convertido en la única visión aceptable del porvenir, y yo no estoy de acuerdo. Creo que, justamente, esa misma visión contribuye a que se haga realidad. Si eso es lo que todos creen en forma colectiva, entonces eso será lo que ocurrirá en el futuro. Es una mirada que genera pasividad: si todos creen que hacer algo al respecto no tiene sentido, entonces todos dejan de hacer un sinfín de cosas con las que podríamos construir un gran mañana. Cuando yo era pequeño, si bien había muchas cosas negativas en el mundo, como siempre sucede y sucederá, no estaba mal ver el futuro bajo una luz positiva y creer que la vida iba a ser mejor; que el racismo acabaría, que la desigualdad sería mitigada, etc. Ahora tenemos esta suerte de enorme desdén cósmico y yo detesto eso. Sencillamente no creo que existamos en el planeta para comportarnos así. Tenemos el poder para ser responsables e ir en la dirección contraria”.

 

“Tomorrowland. Esa palabra es tan evocadora de todos los temas que hemos estado hablando aquí”, concluye el productor ejecutivo Jeff Jensen. “Es tan evocadora del futuro. De la noción de progreso. De la idea de una cultura que trabaja en conjunto y en colaboración —no necesariamente sin desacuerdos—, sino creativamente para construir ESE futuro que aspiramos. Nosotros difundimos esta idea, y esperamos que el público responda”.

 

 

 

 

 

TODOS A BORDO: EL TALENTO SE UNE A TOMORROWLAND

 

Brad Bird y Damon Lindelof sólo tenían a un actor en mente para dar vida al desilusionado inventor Frank Walker: George Clooney. “Prácticamente, desde un primer momento, describimos a Frank de un modo bastante George Clooney-esco”, recuerda Lindelof, “y siempre que pensábamos en actores que pudieran dar vida a Frank, nos preguntábamos si se parecían a Clooney. Así que cruzamos los dedos e intentamos desarrollarlo lo mejor posible, infundiendo a Frank un humor un poco cascarrabias y un cierto carácter heroico, características todas que encarna George. Y luego se lo enviamos”.

 

Para alegría de Bird y Lindelof, cuando le presentaron el proyecto a Clooney, él se mostró interesado y decidió aceptar el papel.

 

Clooney describe a su personaje Frank como un “desilusionado gruñón que solía ser un joven soñador, un niño prodigio de la ciencia. El pequeño Frank acude a un lugar que cree que es el mejor del universo y que el mundo será mucho mejor gracias a éste. Pero descubre que esas cosas no son verdaderas y se convierte quizás en la persona más cínica del mundo. Se recluye en la granja de su familia y planea pasar allí el resto de su vida, pero una serie de circunstancias que tienen lugar en la película, lo fuerzan a enfrentarse a su pasado”.

 

En el film, Frank Walker debe lidiar con la intromisión de la joven Casey Newton, interpretada por Britt Robertson. Al explicar la relación entre ambos, Clooney señala: “Casey fuerza a Frank a hacer todo aquello que no desea hacer y lo hace de un modo maravilloso. Está constantemente empujándolo. Frank es gruñón y está enojado y le lleva mucho tiempo confiar en las personas, y ciertamente no irá a confiar en esta jovencita que irrumpe en su vida. Pero, con el tiempo, logran conectarse”.

 

Para el papel del brillante científico David Nix, los productores seleccionaron a Hugh Laurie por lo que ellos definen como su “extraordinaria inteligencia; una cierta peligrosidad socavada por grandes dosis de humor”. El mismo Laurie recuerda haber quedado “completamente fascinado por la primera conversación que tuve con Brad y Damon sobre el malsano derrotismo que se ha apoderado del mundo. La vida moderna ofrece incontables beneficios, pero no parece traernos una sensación de satisfacción, triunfo o realización. Brad y Damon me expusieron esta maravillosa visión de un futuro totalmente opuesto a las ideas populares que imperan hoy en día, y me pareció fascinante”.

 

Al describir las diferencias que separan a su personaje David Nix del de Frank Walker (Clooney), Laurie señala: “La idea de Frank es crear cosas divertidas, que mejoren las vidas de las personas porque aportan placer y alegría y son fuente de esperanza”, explica Hugh Laurie. “Nix sólo está interesado en el aspecto más utilitario de la investigación; la vida para él supone una exploración científica incesante porque cree que el hombre fue puesto en la Tierra para acumular y desarrollar conocimiento”.

 

Frank ve a Nix como un frío burócrata a quien sólo le importa cuál es la forma más eficiente de hacer algo sin jamás tomar en consideración la alegría del descubrimiento, la aventura o la exploración. Sin embargo, y muy a su pesar, los dos hombres no pueden evitar admirarse el uno al otro porque “debajo de todo eso, hay una secreta admiración mutua, porque ambos son dos intelectuales en un mundo que no necesariamente comprende o favorece a los visionarios. Hay una afinidad entre ellos”, apunta Laurie.

 

“David Nix no es necesariamente un hombre malvado”, agrega Laurie, “No quiere decir que no siente afecto por el prójimo, es sólo que su afecto no es lo suficientemente poderoso como para anteponerse a su pragmatismo. Es difícil no estar de acuerdo con él; tiene razón sobre nuestras tendencias, debilidades y apetitos humanos que no podemos borrar sólo porque lo deseemos. Es un científico práctico, racional y brillante”.

 

Las diferencias entre ambos hombres no hacen más que corroborar, señala el director Brad Bird, que las grandes mentes no siempre piensan igual y que nuestras imperfecciones humanas pueden echar por la borda las mejores intenciones. A pesar de los utópicos ideales de Plus Ultra, sus fundadores se pelearon y discreparon —se dice que Eiffel y Edison siempre estaban en desacuerdo— al igual que los miembros que los siguieron, representados por Nix y Frank. “Inherente en la noción de Plus Ultra existía la idea de que las mentes brillantes lograrían llevarse bien”, apunta Bird. “Eso no es más que una ilusión. De hecho, las grandes mentes probablemente se irritarían entre sí. Algunos de ellos congeniarían. Pero muchos, no”.

 

Una vez que comenzó el rodaje, los dos actores se entendieron de forma excelente, tal como todos habían anticipado. Clooney, cuenta Laurie, “fue todo lo que uno espera que sea George Clooney y un diez por ciento más. Es increíblemente gracioso, amable, inteligente y muy trabajador, además de ser muy considerado con todos los que lo rodean. Todo lo que uno ha oído decir sobre él, es verdad; es hasta un poquito exasperante, de hecho. Posee una elegancia que no hace más que enriquecer lo que trae a la película. Es como un viejo amigo. Suscita en el público ese maravilloso sentimiento de afecto y consuelo. Sabes que se trata de un hombre de buen gusto, de una gran inteligencia y sentido del humor, y que ese tiempo en su compañía valdrá le pena. Es un completo caballero y fue un maravilloso privilegio trabajar con él y poder observarlo desde la mejor ubicación posible”.

 

Sin quedarse atrás, Clooney comenta sobre Laurie: “Hugh posee un sentido del humor muy mordaz que a mí siempre me gustó. Fue realmente divertido conocerlo y pasar tiempo con él. Es un verdadero placer estar con alguien que hace las cosas porque le gusta hacerlas y no porque debe. Es un tipo entretenido pero también es placentero tenerlo en frente porque él quiere estar ahí”.

 

Riendo, Clooney agrega: “Es un hombre absolutamente excepcional, de primera, pero además es un actor extraordinario, así que no tiene ningún costado negativo, salvo —no querría decir esto en voz alta— ese problemita de cleptomanía que posee y que deberá tratarse porque lo pesqué saliendo de mi habitación con algunas de mis pertenencias y me gustaría recuperarlas”.

 

Los productores sabían que no faltarían actores que quisieran trabajar con Clooney y Laurie, pero, aún así, no sería fácil seleccionar a la actriz que diera vida a Casey porque, quienquiera que fuera, iba a tener que hacer gran parte del trabajo duro. Necesitaría una enorme dosis de confianza, valor y energía. Vieron a muchas jóvenes, pero finalmente Britt Robertson se quedó con el papel. “Nunca me había topado con una joven actriz tan llena de entusiasmo y dedicación”, cuenta emocionado el productor Jeffrey Chernov. “Es un soldado. Debió zambullirse en aguas heladas, hacer equilibrio, se la jaló, tironeó, estiró, sumergió, empapó… pero a Britt nada parecía detenerla”.

 

Sus audiciones fueron más extraordinarias, aún, porque debió interpretarlas habiendo leído sólo algunas de las escenas del guión. “Cuando oí hablar por primera vez de este proyecto, el guión estaba bajo llave”, recuerda Robertson. “Nadie, ni siquiera los agentes o representantes, lo habían leído. No fue sino hasta seis meses después de iniciado el proceso de audición que pude finalmente leer el guión completo. Yo, obviamente, tenía algunas escenas para realizar las audiciones, pero estaban totalmente sacadas fuera de contexto. Cuando finalmente recibí el guión, me impactó porque era completamente diferente a todo lo que había leído hasta el momento. Lo tiene todo: acción, aventura, amistades, drama familiar, y está todo muy bien entrelazado. Ya no te topas con material tan singular como éste con mucha frecuencia. Ha sido realmente genial formar parte de este súper proyecto”.

 

Robertson comenta sobre su personaje Casey Newton, la hija de un ingeniero de la NASA que está por ser despedido porque el programa espacial ha sido prácticamente cancelado: “Casey es una chica muy inteligente que siempre soñó con ser astronauta. Es su pasión y lo que siempre la mantuvo unida a su padre. Casey siente este deseo de hacer cosas importantes y cambiar el mundo; quiere que el mundo sea un lugar lleno de esperanza e inspiración, pero no sabe qué hacer para conseguirlo”.

 

Como suele ocurrir en la industria del cine, seleccionar a los actores para los papeles infantiles presentó sus propios desafíos. “Fue un poquito difícil dar con el pequeño Frank porque necesitábamos a alguien que se pareciera a George y que estuviera a la altura de las exigencias físicas del papel, sobre todo porque queríamos hacer mucho de eso en cámara”, señala Chernov. “Cuando encontramos a Thomas fue como haber hallado oro”.

 

Hugh Laurie señala sobre su joven coestrella: “Thomas Robinson infundió al joven Frank la cuota de energía, optimismo e idealismo que requería su papel. El mundo para él es una gran aventura y, cada día, una oportunidad nueva para descubrir algo más, hacer algo más, e intentar algo nuevo. Fue muy intrépido y completamente encantador”.

 

Thomas Robinson nos habla de su personaje: “La película comienza con un flashback, donde yo aparezco como el pequeño Frank Walker en el año 1964. A Frank le fascina inventar cosas, como la mochila cohete que crea, y hacer experimentos con viejas aspiradoras, tarros de pintura y todo tipo de objetos. Es realmente increíble, pero su padre no aprueba sus inventos”.

 

Los realizadores también hallaron un verdadero tesoro al dar con la joven Raffey Cassidy, quien da vida al personaje de Athena. “Raffey es la prueba de que la gente puede marcar una diferencia”, señala el productor ejecutivo John Walker. “El cinismo y el sarcasmo están a la orden del día, mientras que la honestidad, el optimismo y el amor parecen haber pasado de moda. Así que fue maravilloso ver a esta chica que trae una enorme dosis de energía positiva. En la cinta de su audición, al final de cada toma, Raffey levantaba el pulgar en señal de aprobación. Esta niña es una verdadera inyección de energía. Es la personificación de la película.”

 

El productor ejecutivo Jeff Jensen llama a Athena “la gran heroína de TOMORROWLAND”. “Ella cree en la misión de Tomorrowland y sabe que el problema que atraviesa en este momento sólo lo pueden resolver personas nuevas con ideas nuevas. Athena siente que Casey posee el tipo de espíritu que necesita Tomorrowland”, declara Jensen.

 

En la película, Athena le da a Casey un pin que la insta a salir en búsqueda de Tomorrowland. “Athena había estado buscando una recluta”, cuenta la joven Raffey Cassidy sobre su personaje, “y, realmente, espera que Casey sea la persona indicada porque ése era su último pin. Casey tiene coraje, determinación y esperanza, y eso es lo que necesita Tomorrowland”.

 

Sobre la “dinámica familiar” entre Athena, Frank y Casey, George Clooney apunta: “El problema es que la más joven de todos, Athena, parece la madre, y Casey y Frank, los hijos que se la pasan peleando. Athena es la que va al volante, pidiendo a los niños que se callen. Frank es un niño adulto que no maduró realmente y que no parece haber evolucionado desde los once años, así que estamos todo el tiempo riñendo. Somos como una familia, pero todo está patas arriba porque el verdadero padre es la menor de la familia”.

 

Una vez que los niños fueron seleccionados, el productor Jeffrey Chernov comenta: “No tuve en cuenta que si contratas a niños de once años y comienzas a rodar en verano y no finalizas antes de mediados de invierno, lo más probable es que crezcan en el medio, y eso incluye sus dientes. Cuando Raffey llegó a Vancouver para comenzar a rodar, me hizo una gran sonrisa a la que le faltaban varios dientes. Y luego Thomas comenzó a perder sus dientes uno a uno. Así que los niños pasaron mucho tiempo teniendo que hacerse flippers [falsas prótesis dentales removibles]. Nunca se sabe qué es lo que puede ocurrir”.

 

Keegan-Michael Key y Kathryn Hahn dan vida a los Gernsback: unos personajes muy extraños, dueños de una enorme tienda de recuerdos. Gernsback (su nombre rinde homenaje al editor de Amazing Stories, la revista lanzada en 1926 que creó el género de ciencia ficción) es un personaje estrafalario. “Parezco un Grizzly Adams jamaiquino”, cuenta Key. “Tengo barriga, un chaleco cubierto de ojos, y un cinturón con la hebilla de un ojo que me sostiene los vaqueros nevados de tiro alto. Y uso sandalias con medias estampadas. Soy un tipo -como mínimo-, raro”.

 

Más rara aún es su esposa, Ursula, una fanática de Star Trek con cejas vulcanianas y gafas gatunas a tono. “Nuestra misión es recuperar esos pins y descubrir cómo están siendo diseminados”, explica Kathryn Hahn. “Tenemos el mandato de mantener oculta a Tomorrowland. Cuando alguien aparece con un pin no podemos dejarlo ir hasta que no descubramos dónde o cómo lo obtuvo… y luego debemos destruir al mensajero. De manera que… quizás no tengamos tanto encanto sureño como parece”.

 

Completa el reparto Tim McGraw, quien interpreta al padre de Casey. Al hablar de su personaje, McGray señala: “Ed Newton es un tipo que posee una visión idealista de la NASA y el programa espacial, así que se siente desilusionado cuando el programa se cancela y es despedido. Pero él no es el único que se está decepcionado. Su hija, Casey, quien se le parece mucho con su rápida mente científica, comparte su frustración. Mientras Ed intenta resolver qué depara el futuro para él y su familia, Casey se las rebusca para asegurarse de que el porvenir que ella imagina, se haga realidad. Ed se encuentra a sí mismo no sólo intentando guiar a su hija para mantenerla a salvo, sino también intentando refrenar su infinita curiosidad”.

 

 

VIAJE DE IDA Y VUELTA: CONSTRUYENDO TOMORROWLAND

 

Encargado de dar vida a Tomorrowland, el diseñador de producción Scott Chambliss de inmediato puso manos a la obra. “En ningún lugar del guión se describía a Tomorrowland”, cuenta Chambliss. “Con lo cual, pasamos gran parte de nuestro tiempo de preparación trabajando con Brad y Damon en el desarrollo no sólo del aspecto sino también de lo que significaba Tomorrowland. Crear una civilización utópica única es una tarea compleja y abrumadora. Pero en ello radica el placer de crear algo especial que sorprenda al público”.

 

Lo que se determinó, desde un primer momento, fue que tanto la Tomorrowland de 1964 —la que Frank ve por primera vez— como la Tomorrowland de 1984 —la visión que Casey tiene inducida por el pin— seguían siendo “una sociedad muy equilibrada”, señala Chambliss. “Plus Ultra sentía que tenía una responsabilidad hacia el medio ambiente; no sólo por embellecerlo sino también por cultivarlo, y promovía que el hombre es tanto líder como pastor del planeta. De manera que la ciudad evoluciona gradualmente de la naturaleza y luego vuelve a sumergirse en ella cuando uno se va. Es una amplia declaración gestual”.

 

No obstante, crear una ciudad que hubiera sido construida por visionarios con tecnologías de avanzada, debía verse como tal y, hallar un lugar así, no sería una tarea sencilla. La cuestión era si toda Tomorrowland iba a tener que ser construida de cero; una propuesta costosa y que demandaría mucho tiempo. Pero luego, tras una serie de maravillosas coincidencias, Tom Peitzman, el productor de efectos visuales y co-productor de la película, al principio del rodaje se topó con un anuncio publicitario de un auto. La locación tenía un aire tan futurista que grabó el anuncio en su teléfono y se lo llevó al director Brad Bird. La locación resultó ser la Ciudad de las Artes y las Ciencias de la ciudad de Valencia, España, diseñada por Santiago Calatrava, cuya obra ya había servido de inspiración al diseñador de producción Scott Chambliss.

 

El hallazgo, además, sirvió para satisfacer la preferencia del director Brad Bird por las locaciones físicas en lugar de los sets virtuales. Un equipo fue enviado a relevar el lugar y Valencia se convirtió, casi literalmente, en el armazón de Tomorrowland. “La arquitectura de Calatrava es sencillamente fenomenal, ingeniosa y excitante”, declara el productor Jeffrey Chernov. “Semeja un esqueleto, como si uno estuviera observando las vértebras de un dinosaurio o un pez prehistórico. Es un lugar en el cual, una vez que entras, ya no quieres partir. Y ése era el espíritu que queríamos lograr en Tomorrowland.”

 

George Clooney cuenta cómo fue rodar en la Ciudad de las Artes y las Ciencias: “Nunca había visitado Valencia, si bien he viajado extensamente por toda España, que es un país hermoso. Pero fue realmente genial ir a trabajar y pasar un tiempo allí. La imaginación del arquitecto representa esa gran visión optimista de la vida donde uno piensa: ‘Deseo construir eso’, y alguien lo hace. Es impresionante”.

 

Sin embargo, no toda la ciudad de Tomorrowland podía construirse en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en especial el monorriel, la enorme esfera de energía, y el inmenso monitor, conjuntamente referidos como el set de la Bridgeway Plaza. Si bien en un primer momento lo más probable parecía ser que construirían un set pequeño y luego lo expandirían con imágenes generadas por computadora (CGI), finalmente se decidió que un set mayormente basado en una pantalla verde no era la mejor solución. “En estas películas de enormes efectos visuales”, comenta Tom Peitzman, “debes encontrar un equilibrio entre los efectos prácticos y las imágenes generadas por computadora. Muchas veces, la película se apoya demasiado en la animación CGI. Y se ve CGI. Mi enfoque se inclina un poco más hacia la vieja escuela; me gusta desafiar al director a capturar la mayor cantidad de imágenes posibles con la cámara, de manera que tenga algo para ver, tocar e iluminar. Prefiero un cuadro 10 por ciento práctico a uno 100 por ciento digital, aunque sea una pequeña porción, porque sirve como base para la animación CGI. Entonces uno puede lograr un aspecto más natural y fluido”.

 

Finalmente, la construcción del set de la Bridgeway Plaza duró seis meses y ocupó una superficie del tamaño de media cancha de fútbol. Era tan inmenso que no existía ningún estudio con esas dimensiones; además se necesitaba una altura considerable para realizar el trabajo aéreo y albergar a las grandes grúas necesarias para sostener las luces que lo iluminaran. A ello se le sumaba además el hecho de que el set debía adaptarse a las distintas épocas que se suceden a lo largo del guión: 1964, cuando el pequeño Frank la visita por primera vez; 1984, la época de la planeada campaña de difusión que vemos reflejada en la visión inducida por el pin de Casey; y 2014, cuando tiene lugar el resto de la historia. Ello requirió intervalos de seis semanas entre distintas tomas para permitir al equipo de diseño de producción redecorar y modificar el escenario para cada época.

 

Al principio, el hecho de que el set estuviera al aire libre no parecía presentar mayores inconvenientes ya que el equipo de producción tenía previsto rodar las escenas de Vancouver en pleno verano. Pero cuando George Clooney se unió al proyecto, aún estaba rodando la película Operación monumento, lo que significó comenzar a filmar TOMORROWLAND cinco meses más tarde y pospuso las secuencias de Clooney en la Bridgeway Plaza para fines de noviembre y principios de diciembre: durante el inestable y lluvioso invierno de Vancouver. El productor Jeffrey Chernov al principio no creyó que esto fuera a ser un problema “porque los equipos de construcción aquí están acostumbrados al clima; han construido numerosos cobertizos y diferentes sistemas de toldos para que los sets no se mojen. Sólo teníamos que encontrar la forma de cubrirlo y hacerlo a prueba de balas contra toda inclemencia climática. Pero los equipos regresaron con un par de ideas que costarían un dineral y no garantizaban que fueran a funcionar, así que determiné: ‘Pues bien, tendremos que tener suerte’”.

 

Como para mantenerse a tono con el optimismo de la película —o quizás el equipo de producción tenía un ángel aparte— el clima cooperó con una sequía sin precedentes en la región. “Habíamos construido numerosos sitios bajo cubierta donde poder refugiarnos si el clima no nos acompañaba, pero no tuvimos necesidad de hacerlo. Aparentemente, fueron las seis semanas de invierno más secas que Vancouver haya tenido desde 1952 y lo curioso de eso fue que el título original de nuestra película era 1952. Todos creían que estábamos locos por intentar hacerlo en esa época, y yo coincidía. Fue un gran alivio cuando logramos concluir el rodaje”.

 

Dejando de lado los pequeños milagros, quizás la parte más impresionante del escenario de la Bridgeway Plaza fue el monorriel completamente funcional que crearon. “Una vez que se construyó el monorriel y las luces y los cristales estuvieron colocados”, cuenta el coordinador de efectos especiales Mike Vezina, “pesaba cerca de 16 toneladas. Así que debíamos resolver cómo mover un set de 16 toneladas por una vía suspendida a unos 5 metros del suelo, que además transportaba a nuestro reparto principal, y que debíamos detener exactamente en el mismo lugar una y otra vez”.

 

Para ello, el equipo de efectos especiales ideó unos cabrestantes hidráulicos que podían cerrarse muy rápidamente en una emergencia, y con los cuales podían accionar los frenos cada vez que deseaban, de manera de lograr que el monorriel se detuviera en un punto determinado, abriera automáticamente la puerta y permitiera descender al reparto. El equipo utilizó una enorme bomba hidráulica de 500 caballos de fuerza y un pesado cable para desplazar el monorriel hacia adelante y hacia atrás mediante los cabrestantes, de manera que mientras uno se enrollaba, el otro se desenrollaba, permitiéndoles seguir el movimiento del monorriel marcha adelante y marcha atrás. Vezina agrega: “Para estacionarlo, usamos unos rayos láser que nos indicaban -con un margen de una milésima de pulgada- si el monorriel se había pasado de su marca, de manera que pudiéramos detenerlo. Afortunadamente no fue necesario utilizar ningún mecanismo de seguridad porque funcionó a la perfección todo el tiempo”.

Otro de los grandes retos que debió enfrentar Vezina fue la construcción del set de la Torre Eiffel, que debía abrirse al medio para dejar al descubierto el cohete espacial El Espectáculo. “Construimos una réplica de la parte superior de la torre Eiffel”, cuenta Vezina, “y luego colocamos todo sobre una base de metal que diseñamos y construimos sobre ruedas. Teníamos una rampa que podíamos desmontar y sacudir y hacer todas las cosas que necesitáramos. El set pesaba cerca de 45 toneladas, de modo que, debajo, instalamos un sistema de airbag para dar flotación. Eso nos permitió moverlo o sacudirlo con rampas más pequeñas. También contamos con un sistema de guías para desarmarlo suavemente y repetidas veces porque, por supuesto, cuando ruedas una película, nunca haces las cosas una sola vez”.

 

Los sets definitivamente impresionaron a Hugh Laurie, quien los cataloga de “absolutamente magníficos”. Y agrega: “Es sobrecogedor pensar que todo esto se construyó para que yo pueda pararme aquí y decir mi parlamento. En esencia, tengo al equivalente de la construcción del Cairo erigiéndose a mis espaldas. La escala que posee es espectacular y estoy seguro de que todo diseñador debe alucinar frente a la posibilidad de realizar un diseño futurista porque nada los ata; pueden dejar volar su imaginación… y lo hacen”.

 

En la historia, una búsqueda en Internet lleva a Casey a Houston, Texas, y a la extraña tienda de recuerdos llamada Maravillas del pasado, que fue totalmente construida de cero en un estudio de grabación. Maravillas de pasado es una mezcla de las tiendas de libros de historietas de ciencia ficción que el director Brad Bird y yo recordábamos de nuestra juventud”, señala el diseñador de producción Scott Chambliss. “Distintas ciudades, distintas tiendas, pero la misma sensación que uno tenía de niño en esos locales donde sencillamente quería pasarse la semana entera allí dentro, examinándolo todo. La decoradora de sets Lin MacDonald pasó meses curando la colección; hay miles de objetos, tanto comprados como fabricados por la producción, y numerosas piezas originales, incluidas algunas que Brad trajo de su propia colección”.

 

Keegan-Michael Key, cuyo personaje Hugo Gernsback es el dueño de la tienda con su esposa Ursula, agrega, entusiasmado: “Tenemos carteles clásicos de ciencia ficción, el muñeco coleccionable original de Luke Skywalker de 1970, y objetos de la serie ‘Space 1999’, con Martin Landau. Y, luego, estantes y estantes repletos de libros de historietas. El local entero es mi sueño hecho realidad. Básicamente, construyeron una tienda y la implantaron en el medio de un estudio de sonido. Es increíble”.

 

La casa de Walker también fue un set que requirió del toque especial del equipo de diseño de producción, pero justo a la inversa de lo que uno hubiera creído. “La casa de Frank hace mucho tiempo que no es cuidada con amor”, cuenta el diseñador de producción Scott Chambliss, “y es un reflejo del mismo Frank, quien tampoco ha sentido amor por nadie durante largo tiempo. Nos cuidamos de no hacer que pareciera la casa de un tipo aterrador, pero Frank se encuentra atravesando un período oscuro de su vida y ha equipado la casa según su paranoia. Además, está intentando recrear algo de lo que vivió en Tomorrowland, pero ahora ese sentido de invención y exploración feliz que sentía en aquel entonces se mezcla con sus miedos”.

 

Uno de los mayores retos que Chambliss debió enfrentar en TOMORROWLAND fue recrear la Feria Mundial de 1964. Sin embargo, los realizadores tuvieron la suerte de descubrir que una de las piezas más emblemáticas de la feria, la Uniesfera, se encontraba en pie en Flushing Meadows, Nueva York, fuera del Centro Nacional de Tenis USTA. El grupo de fuentes que rodean el globo y el parque también seguían en pie. Los cineastas enviaron a un fotógrafo a la ciudad de Nueva York para que los retratara y así poder usar las verdaderas imágenes como elemento compositivo de las escenas.

 

Pero si bien los sets generaron un gran sentimiento de logro y satisfacción en los realizadores, solo uno logró despertar el tipo de fascinación que engloba la película: la verdadera base de lanzamiento espacial de la NASA en Cabo Cañaveral. Brad Bird declara: “Para muchos de nosotros, la NASA y las misiones de la NASA son algo especial a nuestro corazones, de manera que haber podido estar y rodar parte de la película allí fue un verdadero lujo. El rodaje coincidió con el lanzamiento de la sonda Maven a Marte, así que pudimos observarlo en vivo desde la plataforma que lanzó tantas misiones de la NASA”.

 

Reviviendo la emoción del momento, el productor ejecutivo John Walker cuenta: “El sólo hecho de estar allí fue increíble. Recuerdo en mi infancia, cuando veía despegar todos esos fantásticos cohetes por televisión. Logramos ver, en vivo, el lanzamiento de la sonda Mars Maven y desde una ubicación más cercana aún que la prensa. Fue fabuloso. Valió la pena realizar toda la película por el sólo hecho de haber podido presenciar eso”.

 

Pero, si bien, por lejos, Cabo Cañaveral fue la más espectacular emocionalmente, fue sólo una de las numerosas locaciones de la película. La fotografía principal comenzó en una granja en Pincher Creek, Alberta, donde los realizadores pagaron a un granjero para que sembrara un trigo de invierno que daría a los campos esa tonalidad ámbar especial que para el director Brad Bird supone la imagen rural perfecta. Luego, el equipo de producción se trasladó a una granja en Enderby, en la región de Okanagan de la Columbia británica, para rodar la granja de Walker y sus campos de maíz, también cultivados expresamente para la película.

 

Rodar en los campos de trigo resultó ser una experiencia muy especial para Britt Robertson. “Mi primer semana de rodaje fue en los campos de trigo. Viajamos al interior de Alberta, donde la producción había sembrado hectáreas y hectáreas de trigo en campos de agricultura. Estar rodeada de esos trigales fue algo tan real, tan hermoso y diferente a toda otra experiencia que he tenido. No me demandó ni siquiera actuar porque estaba realmente impresionada por estos enormes trigales. La producción ha sido tan inteligente a la hora de crear estas experiencias para el público; pero no sólo para el público, sino también para los actores, de manera que verán realmente a los actores experimentando estas cosas sumamente únicas y reales”.

 

A las locaciones en Canadá se le suman los sets mencionados anteriormente en España y Vancouver, y otros sitios adicionales donde se replicaron el Salón de los Inventos y la Plaza de la Uniesfera de la Feria Mundial. Además, hay que sumar las escenas que se rodaron en la atracción “It’s a Small World” en el parque Disneyland de Anaheim, dos días de rodaje en una playa en las islas Bahamas, y el rodaje de una segunda unidad en París. Y si contamos las fotografías del productor de efectos visuales Tom Peitzman de la Esfera de la Feria Mundial en lo que ahora es el parque de Flushing Meadows, el lugar en Queens en donde se celebró la Feria Mundial de 1964, también podemos incluir a Nueva York entre las locaciones de la película. En total, TOMORROWLAND contó con más de 90 combinaciones diferentes de sets y locaciones, y se trasladó diez veces de lugar, algo casi inédito en la industria del cine.

 

“Nunca antes había trabajado en una película de esta envergadura”, comenta el productor ejecutivo John Walker. “Todas las semanas aparecía un milagro nuevo para hacerse realidad. Había enormes sets construidos sobre cardanes, un antiguo cohete especial montado sobre otro cardán, una pantalla circular de 360° que emitía imágenes que rodamos para una secuencia tipo Google-Earth, un niño de 11 años volando en un simulador de paracaidismo: era sencillamente una maravilla detrás de otra. Fue muy complejo y requirió de una enorme cantidad de preparación, trabajo y tecnología lograr compaginar todo, pero fue fantástico”.

 

 

EL VESTUARIO

 

El diseñador de vestuario Jeffrey Kurland comenzó su proceso de creación del look de los personajes conversando con los cineastas para comprender a cada uno de los personajes y el mundo en el que viven en la película. “Yo cuento la historia a través del aspecto visual: cómo se ven y cómo se presentan a sí mismos los personajes”, explica Kurland. “De modo que, luego de leer el guión, primero hablé con el director, Brad Bird, para conocer su enfoque sobre cada uno de ellos. ¿Qué piensa de cada cual? ¿Cuál es su contexto? Trazamos una breve historia personal de cada uno para saber de dónde provienen, cuáles son sus gustos y aversiones y qué clase de personas son”.

 

Cuando conocemos a Athena (Raffey Cassidy) en 1964, se trata, en apariencia, de una niña común y corriente de 11 años de edad. Pero si uno observa más de cerca sus ojos aguamarina y su vestido a tono, descubre algo singular, quizás un poquito extraño. “El corte de su vestido es típico de la época”, señala Kurland, “entallado en la parte superior con una falda dirndl (típicamente Germana). Pero posee un estampado que semeja las líneas de una cuadrícula y que rodea todo el vestido. Si uno observa más de cerca, verá que el estampado se basa en el número áureo, que se repite indefinidamente, así que las líneas no son derechas y están formadas por algoritmos y teoremas, números y letras. La tela misma parece de avanzada y posee un brillo especial. No pude hallar una tela del color exacto de sus ojos, así que primero imprimí el color y luego imprimí los algoritmos encima. Ello le confiere un ligero aspecto de otro mundo pero sin que parezca escalofriante”.

 

El look de Athena en 2014 presentó un reto a Kurland. “Aquí está una niña de 11 años, en 2014, paseándose sola”, señala Kurland. “No quería que se viera como una niña sin hogar o una refugiada. Tiene el look de una niña, pero también hay algo un poquito diferente en torno a ella; algo un poquito de avanzada que se ve reflejado en la originalidad de la ropa. Athena lleva una chaqueta vaquera, dos capas de camisas y luego la sudadera con capucha que lleva es un poco extraña porque es tejida; una prenda que quizás uno encontraría en una tienda de ropa usada. Pero luego sus pantalones y sus zapatos son más de avanzada”

 

Esa inteligencia extravagante de Casey (Britt Robertson) y la importancia del vínculo con su padre se ven reflejados en su ropa. “Definitivamente no es una chica común”, refiere el diseñador de vestuario. “Lleva vaqueros arremangados, medias de distintos colores, usa viejos zapatos con cordones y la vieja gorra de la NASA de su padre. Su guardarropa está lleno de prendas retro —en un momento dado lleva una vieja camisa de boliche— porque su padre usa ropa retro. Y también usa medias raras; es algo que comparten”.

 

Cuando encontramos al pequeño Frank (Thomas Robinson) en 1964, explica Kurland, “lleva un overol y una camiseta deportiva. Para asistir a la Feria Mundial usa pantalones vaqueros, una camisa a rayas y una chaqueta.

 

Ahora, cincuenta años más tarde, aún podemos ver algo de ese niño en Frank Walker (George Clooney): Lleva ropa muy similar a la que vestía su padre al comienzo de la película, pero la chaqueta está confeccionada con una tela más de avanzada; es algo de hecho que Frank llevaba al dejar Tomorrowland y ha estado usando desde entonces. Es una pista muy sutil de que Tomorrowland aún guarda cierta cercanía con él, a pesar de que él lo niega”.

 

Kurland deseaba que el personaje de Hugh Laurie, David Nix, en 1964 llevara un traje que guardara el estilo de Tomorrowland. “Quería que quien lo viese, pensara: ‘Mm, lindo traje’”, declara Kurland. “Pero al acercarse, se diera cuenta de que en realidad no se veía como todos los demás. Que tenía algo diferente. Y lo hiciera preguntarse: ‘¿pero de dónde salió eso?’ De manera que uno tenga la sensación de que tiene influencias de otro lugar, pero nada que hiciera pensar en un extraterrestre. A Nix no volvemos a verlo durante un tiempo, hasta que llegamos a 2014 y lo vemos adoptar un estilo mucho más grandioso, casi de realeza, para ajustarse al papel que ahora ocupa en Tomorrowland y que se refleja en el diseño de su ropa”.

 

Para las escenas de la Feria Mundial de 1964, Kurland y su equipo debieron vestir a 400 extras: un reto que involucró hallar ropa y confeccionar prendas que se ajustaran a la época. “Había ciertas cosas que debíamos recrear tal como eran en la realidad”, refiere el diseñador de vestuario. “Por ejemplo, cómo se veían en ese momento quienes atendían las boleterías o la gente de mantenimiento, el conductor del ómnibus, los conductores del tranvía, etcétera”.

 

LOS NIÑOS Y LAS ESCENAS DE ACCIÓN

 

Para preparar a los niños para sus papeles, los cineastas contrataron la supervisión del coordinador de escenas de riesgo Robert Alonzo. “Debía hacer una evaluación física de los niños para asegurarme de que serían capaces de manejar lo que tenían por delante”, declara Alonzo. “A la media hora de reunirme con Raffey, les dije a los productores: ‘Aquí tienen una ganadora. Esta niña será increíble’. La entrenamos en natación, gimnasia, trabajo con cables y artes marciales, que era lo principal que yo necesitaba que aprendiera para esta película”.

 

Sin embargo, Alonzo pronto descubrió que iba a tener que adaptar sus métodos para poder entrenar a Raffey con éxito. “Un niño no posee un sentido de lo que es una buena o una mala defensa. No lo comprenden. Sólo piensan: ‘Estoy haciendo esto para una película, seré un superhéroe’. De manera que sus puñetazos y patadas eran buenos pero no tenían sustancia. Debí preguntarle: ‘¿Qué significa Casey para Athena?’ Le dije: ‘Tú tienes una familia que amas; los protegerías, ¿no es así?’ Así que cada vez que lanzaba un puñetazo o una patada le hacía decir una palabra —‘¡No!’ o ‘¡No me toques!’ o ‘¡Deja a mi hermana en paz!’— para que lo interiorizara y le diera valor a cada movimiento. Porque no hay otra forma de lograr la expresión adecuada, y la expresión es clave. El público nunca recuerda el golpe, sino la expresión en el rostro, la reacción tras el golpe. Si no logras la reacción, el público nunca te creerá la intención. Tomó un tiempo lograrlo, pero una vez que ella lo captó, no hubo vuelta atrás. Era hermoso ver la transformación de su rostro sonriente en pura determinación. Cuando fija su mente en esto ahora, se concentra de un modo que es increíble”.

 

Para Raffey Cassidy, el entrenamiento fue compensado con el descubrimiento de una nueva habilidad. “No sabía nada de artes marciales o lucha antes de esta película”, cuenta Raffey, “y ahora conozco los golpes y patadas y comienzo a interesarme más. He avanzado un poco de los conocimientos básicos: obtuve un cinturón amarillo en artes marciales mixtas mientras me entrenaba para la película”.

 

Con Thomas Robinson, el desafío fue un poquito diferente. “Thomas al principio le temía a las alturas”, cuenta Alonzo. “¿Cómo íbamos a lograr que este niño se colocara un arnés y simulara volar cómodamente con una mochila propulsora a 130 kilómetros por hora? De manera que comenzamos por un entrenamiento con trapecio ya que eso involucraba mucho trabajo de arnés, y empezamos a enseñarle cómo caer para que se sintiera más seguro al hacer un poquito de su propia acción”.

 

Thomas agrega: “Los arneses son la cosa más incómoda que usé, ¡pero poder volar a 10 metros del suelo lo vale! Es una de las cosas más sensacionales que he hecho en mi vida”.

 

Cuando más adelante se reveló que la producción deseaba lograr una secuencia de un túnel de viento al aire libre con Thomas, el actor fue enviado a iFly para aprender a manejar un simulador de paracaidismo. “Nunca antes había visto que lo usaran con un niño. Si Thomas no hubiese logrado progresar lo suficiente, hubiera determinado que no podíamos hacerlo, pero a Thomas el túnel de viento le pareció tan sencillo como caminar. Se desempeñó tan bien que logramos hacer todo lo que queríamos, y más. Debo decir que hizo un trabajo extraordinario. Estoy muy orgulloso de él por todas las cosas que pudo superar. Pasó de temerle a las alturas a volar por sí sólo a 20 metros del suelo y pasar el mejor momento de su vida”.

 

Aunque el mayor peligro que presentan los niños son sus ganas de complacer a los demás. “Los niños quieren poder cumplir y son capaces de ignorar sus propias limitaciones”, explica Alonzo. “De manera que debes asegurarte de que comprenden que deben sentirse cómodos y no intentar complacer a nadie. Nosotros hacemos todas las pruebas necesarias y cumplimos todos los protocolos, pero sólo podemos llegar hasta su capacidad de hacerlo y su capacidad mental de comprenderlo; así que yo debo establecer una relación realmente sólida no sólo con el niño, sino también con sus padres. Todos debemos confiar unos en otros y yo necesito que los niños sean sinceros conmigo. Yo les digo, y les pido a sus padres que les digan que si algo les incomoda, o están cansados, o se sienten mal, deben decírmelo, porque es mi trabajo asegurarme de que estén seguros y se puedan desempeñar en su máximo nivel”.

 

 

UTILERÍA

 

Para el departamento de utilería, crear los objetos para las distintas épocas de la película —1964, 1984 y 2014— fue todo un reto. Distintas influencias y materiales alteran los procesos de fabricación y diseño de cada momento, de manera que debían investigar y analizar cuidadosamente cada objeto para asegurarse de que la tecnología y los materiales que planeaban usar efectivamente existían en ese tiempo. Luego, los realizadores debían intentar hallar las piezas verdaderas para hacer que las cosas se vieran auténticas.

 

Kris Peck, el supervisor de utilería de TOMORROWLAND, comenzó de inmediato a trabajar en la invención de la mochila cohete creada en 1964 por el personaje del pequeño Frank. Su invento consiste en un aparato operado a base de querosén que, a pesar de las obvias limitaciones de la mochila, continúa siendo un símbolo de orgullo del espíritu científico de la época que unos pocos años más pondría al hombre en la luna. “La mochila propulsora de Frank es un símbolo de la visión optimista del futuro”, cuenta el supervisor de utilería Kris Peck. “James Bond realizó una secuencia con una mochila propulsora en una película de la década de 1960; se veían mochilas propulsoras en series como ‘The Jetsons’, y se puede rastrear su origen hasta Buck Rogers en la década de 1930. Durante mi investigación, di con una historia muy interesante sobre cómo los alemanes querían crear una mochila propulsora para cruzar detrás de las líneas enemigas”

 

La mochila propulsora de 1964, diseñada por el pequeño Frank (Thomas Robinson), fue de hecho una hazaña de la ingeniería y la imaginación. Posee 40 presillas diferentes en la armazón de la mochila y soportes para aspiradoras Electrolux a ambos costados. Unos cables de control operan los pequeños dispositivos de la espalda. Los cables van desde la mochila hasta las manijas para que el actor pueda controlarla. La mochila propulsora se fijó a una placa para que pudiera ser fácilmente desmontada de la armazón y Thomas no tuviera que cargar una mochila de casi 10 kilos entre toma y toma.

 

La mochila propulsora evolucionó a lo largo de la película. Además de la cruda versión de 1964, hay una versión de 1984 y otra de 2014. La versión de 1984 posee manijas y remeda el arte y el diseño de la década de 1980 con claras influencias de la película La guerra de las galaxias en su acabado brilloso y metálico blanco, inspirado en los soldados imperiales. La versión de 2014 no posee manijas ya que es intuitiva, y la mochila funciona con energía Tesla.

 

Para Brad Bird, crear las mochilas propulsoras fue una de las partes más memorables del proceso de producción. “Yo todavía guardo un niño de 10 años en mi interior”, declara Bird, “así que la posibilidad de crear una mochila propulsora fue muy divertida y, lo que era mejor aún, teníamos varias versiones diferentes en esta película, así que puedo decir sin lugar a dudas que uno de mis objetos de utilería favoritos de esta película fue una de las mochilas propulsoras”.

 

Peck considera al pin de Tomorrowland “el objeto de utilería más importante de la película porque sin el pin, no hay Tomorrowland”. En la película, el pin fue concebido como una visita guiada a Tomorrowland que sería transmitida directamente a la corteza cerebral, el inicio de una campaña de difusión de 1984 que planeaba dar a conocer Tomorrowland al resto del planeta. Ursula Gernsback (Kathryn Hahn) describe a este viaje como “el tráiler cinematográfico más espectacular del mundo”. Es “una mirada fugaz, una degustación, un pasaje de ida para un único viajero”, agrega Hugo Gernsback (Keegan-Michael Key).

 

Al describir el diseño del pin, Peck señala: “Usamos la paleta de colores de la Feria Mundial de 1964: que eran el azul y el naranja. El pin mide 2,5 cm, está hecho de metal y tiene un buen peso. Se siente bien en la mano”.

 

El director Brad Bird se refiere al simbolismo de su diseño: “Trabajamos duro para hallar un diseño que tuviera un estilo un poquito retro pero que también pareciera clásico. Tomamos el símbolo universal del átomo, pero hicimos que pareciera como que el sol está asomando, de manera que da la idea de algo que está más allá del horizonte, pero que viene hacia nosotros y entraña una mirada esperanzadora del futuro. Luego observamos la letra T y nos dimos cuenta de que, modificándola un poquito, podíamos hacer que se viera como una mochila propulsora con dos fuertes chorros de propulsión que salen de los costados de la parte superior de la T. Así que la T está como despegando mientras que, detrás, guarda el simbolismo del sol que asoma y que representa que el futuro está por llegar y que será divertido y promisorio”.

 

En la escena que tiene lugar en Maravillas del pasado, la tienda de recuerdos, los Gernsback se encuentran disparando armas de rayos de plasma que, si bien parecen de juguete, demuestran ser todo lo contrario. Diseñadas por el ilustrador Tim Flattery, de Hombres de negro, las pistolas presentan una luz interactiva que se esparce en el ambiente y les confiere un mayor grado de autenticidad.

 

“Brad había comentado que una de las cosas que no le convencía de La guerra de las galaxias era que cuando el sable de luz se encendía, no arrojaba luz sobre los personajes”, cuenta el supervisor de utilería Kris Peck. “Así que trabajamos junto con algunas personas de la empresa Unlimited Design, de la ciudad de Vancouver, para construir un paquete de baterías inalámbrico, muy pequeño pero muy poderoso, que pudiéramos alojar en el extremo del arma. De manera que, cuando uno aprieta el gatillo, la pistola emite una luz interactiva por la punta. Y cuando se vacía el plasma se encienden las luces rojas y, mientras la pistola se recarga, las luces vuelven a ser azules”.

Otra arma increíble es la bomba de tiempo de Athena, que ella usa para inhabilitar temporariamente a los Gernsback. Diseñada por el ilustrador Victor Martinez y fabricada por SAT en Los Ángeles, parece una naranja pelada y cortada en gajos brillantes.

 

A pesar de su pequeño tamaño, su diseño requirió un gran compromiso. “Para la bomba de tiempo tuvimos que construir una placa en el suelo del set porque había mecanismos que iban por debajo del suelo para conectar los cables que bajaban”, recuerda Peck. “Era un espacio tan pequeño en el conjunto del set, pero fue uno de esos objetos que cuando uno ve las ilustraciones, piensa que es realmente fantástico, y los fabricantes aseguran que ellos pueden hacerlo, pero que cuando debes ponerlo en práctica, se vuelve una pieza realmente complicada”.

 

Otros objetos importantes que mantuvieron ocupado a Peck y su equipo fueron el arma de Tomorrowland, que presenta un patrón de luz LED azul; el reloj de Nix, con dos pantallas y gráficos; las armas de los robots “Dave Clark”, incluido el cortador de queso, el rifle y la escopeta; Combine Remote, realizado con el motor de un viejo lavarropas; Thinking Machine, el objeto de utilería más complicado de toda la película que llevaba una decena de piezas móviles; y el aparato de Frank, un invento con lentes múltiples y forma de trombón que pude proyectar imágenes 2D y 3D.

 

 

TOMORROWLAND: LO QUE NOS DEPARA EL FUTURO

 

Con TOMORROWLAND lista para estallar en cines el 22 de mayo, los realizadores especulan qué les deparará a los espectadores.

 

“Lo que todos buscamos, en términos de entretenimiento, es que haya algo para todas las edades”, señala el productor Jeffrey Chernov. “Ya sea que tengas 8 u 80 años de edad, sabes que puedes ir y que pasarás el mejor momento de tu vida allí, sentado disfrutando la película. Eso es lo que esperamos lograr. Nos gustaría poder hacer que Walt se sintiera orgulloso de que fuimos capaces de tomar esta idea del futuro y convertirla en algo realmente entretenido”.

 

El productor ejecutivo Jeff Jensen señala: “Esperamos que el público pase un momento divertido; definitivamente la película cumple con ello —es una maravillosa pieza de entretenimiento escapista—, pero el mejor escapismo te lleva siempre a cuestionarte sobre tu mundo real y cómo estás viviendo en él. Ojalá esta película logre hacer eso en pequeñas cosas, pero significativas”.

 

Resumiendo, el director Brad Bird señala: “Esperamos que el público se divierta y, con un poco de suerte, que también hayamos logrado ofrecerles algo sobre lo cual conversar y reflexionar luego… y quizás hasta empezar a imaginar una clase de futuro diferente”.

 

 

 

Yesica Floreshttp://www.elblogdeyes.com
Soy Yes, blogger desde hace más de 5 años. Me he especializado en el viejo y olvidado arte de divagar

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