Verano Riojano

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Para quienes amamos el vino, el verano representa un flujo de nuevos colores, aromas, sensaciones… La calidez que entrega el sol veraniego, caprichoso y tornadizo, invita a texturas más ligeras y sabores más frescos. También, obliga a pensar en frutalidad, ésa que sólo puede experimentarse a través de rosados, blancos y tintos jóvenes riojanos.

¿Rioja es tierra sólo de vinos corpulentos y recargados de madera? Nada más alejado de la verdad. Esta denominación de origen calificada, la primera de España, reúne uno de los compendios vitivinícolas más diversos y excepcionales. A lo largo de todo su territorio, delimitado naturalmente por la influencia del río Ebro y las Sierras de Cantabria, de la Demanda y los Cameros, al noroeste de España, la DOCa Rioja produce un amplísimo rango de estilos; frescura, frutalidad y ligereza también son descriptores típicos de esta región.

En el extremo de la juventud riojana se ubican los Garantía de Origen, vinos de primer o segundo año que conservan sus características sensoriales más primarias. La categoría también admite blancos, rosados y tintos que hayan pasado por un proceso de envejecimiento sin alcanzar los mínimos establecidos para los Crianza, Reserva o Gran Reserva. Sí, se trata de vinos jóvenes, frescos y afrutados, perfectos para el verano pero también ideales en regiones de calor intenso durante todo el año.

Del lado de los vinos blancos vale la pena mencionar a los elaborados a partir de Viura, la uva blanca de mayor presencia en el viñedo riojano. Los Garantía de Origen producidos a partir de esta cepa ofrecen una fascinante expresión frutal, entremezclada con matices florales y un buen grado de acidez. También hay que apuntar a la Maturana Blanca, la uva más antigua de la que se tiene registro en Rioja, que deriva en vinos amarillo-verdosos y con aromas dominantes de manzana verde, cítricos y hierba silvestre. De todas las variedades autóctonas, es la Tempranillo Blanco la que ha logrado cautivar la atención de propios y extraños con su particular carácter: fresca, cítrica, con aromas de frutos tropicales y flores blancas, herbácea, con amargor sutil.

En términos de rosados, la DOCa Rioja también es sinónimo de calidad excepcional. A lo largo y ancho de la denominación, estos vinos se elaboran a partir de uvas tintas, Tempranillo, Garnacha, Graciano, Mazuelo y Maturana Tinta, o con la mezcla de varietales tintos y blancos. Después de la vendimia, las uvas tintas se estrujan y dejan macerar en frío por cortos periodos de tiempo, produciendo coloración y aromas en el mosto previo a su fermentación. Los ejemplares de cepas tintas suelen ser mucho más estructurados y fragantes, con un claro perfil hacia los frutos rojos silvestres; los de mezcla, mucho más sutiles en color, aroma, sabor. Ambos son capaces de refrescar el espíritu en la época estival.

Vayamos ahora a los Crianza, sin lugar a dudas la cara más conocida de la DOCa Rioja alrededor del mundo. Esta categoría incluye a los tintos que han pasado al menos 12 meses en barrica y 12 meses en botella antes de ser liberados al mercado; para blancos y rosados, el requisito es de 6 meses en barrica y otros 6 en botella. Una mínima influencia de la madera, aunada a una filosofía de respeto absoluto por la fruta, cada vez más presente en la mente de los productores locales, resulta en vinos de inigualable expresión frutal, francos, con agradable frescor, acidez vibrante… ¡Ay verano, por favor no te acabes!

Por Carlos Bordoa

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