Vestimenta, clave en las fantasías eróticas de 7 de cada 10 mexicanas

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Todas las personas tenemos fantasías sexuales a lo largo de nuestras vidas. La mayoría de ellas se inician en la etapa prepuberal, se incrementan en la pubertad y se hacen más frecuentes en el rango de los 17 a los 25 o 26 años. De hecho, tenerlas es sinónimo de salud y forman parte de nuestro crecimiento. Expertos en la materia, como Fina Sanz, psicóloga, sexóloga y pedagoga, explican que las fantasías ayudan en el desarrollo sexual de cualquier persona, en su crecimiento personal y su creatividad.

Para poder entenderlas, primero es importante saber qué son. “Las fantasías sexuales son una expresión inconsciente de un deseo y nos llevan a un mundo imaginario donde se pueden manifestar proyectos e ilusiones no satisfechos en la realidad”, explica Irene Torices, terapista ocupacional, sexóloga, docente y fundadora del Grupo Educativo Interdisciplinario en Sexualidad Humana y Atención de la Discapacidad (GEISHAD).

Por lo tanto, las fantasías son imágenes que vienen del subconsciente, en las que vamos creando una serie de simbolismos que se relacionan con la realidad que vivimos pero que también integran contenidos irracionales. “De acuerdo con algunos autores, este fenómeno es lo opuesto a la imaginación, que nace de una actividad voluntaria”, comenta Irene.

No obstante, Torices explica que, aunque sean creadas por nuestro subconsciente, las fantasías se nutren de lo que percibimos con los sentidos. “Se van construyendo a partir no sólo de lo que vivimos, sino también de lo que leemos, lo que vemos en los medios de comunicación, lo que nos comparten otras personas, de las interacciones sociales y, en muchas ocasiones, responden a estereotipos de la realidad”, explica.

La mayoría de las personas utilizan las fantasías como un medio para la excitación. La experta en sexología indica que, en ellas, cualquier tipo de prenda juega un papel muy importante. Una encuesta realizada por la empresa de estudios de mercado Mercawise en colaboración con Silver Plate Jeans, revela que, para el 71 por ciento de las mujeres mexicanas, la ropa es un elemento necesario en sus fantasías. Entre las prendas con las que han fantaseado sexualmente figuran la corbata, los bóxers, los jeans, el esmoquin, la playera y el traje de baño.

Para Ana Karina Ortiz, experta en moda y directora de marketing, publicidad y licencing de la marca de jeans mexicana Silver Plate, “los jeans son una prenda sexy por naturaleza. Con ellos, los hombres pueden realzar aquella parte que desean de su figura. Dependiendo del corte y modelo, pueden destacar más los muslos, la entrepierna o el trasero”. Los resultados de la encuesta de Mercawise muestran que, 7 de cada 10 mexicanas confiesa haber tenido una fantasía sexual en la que ellos vestían jeans y 66 por ciento de ellas considera los jeans como una prenda erótica. Además, 8 de cada 10 féminas dicen sentirse atraídas por los hombres en jeans.

Al respecto, Irene Torices explica que existen imágenes de la realidad estereotipadas que aparecen en las fantasías, como la imagen de la colegiala para ellos o la del hombre vaquero rudo para ellas. “En muchas ocasiones, las personas se pueden excitar a través de prendas que son de uso cotidiano y que realzan ciertos atributos corporales”, añade.

La experta en jeans Ana Karina Ortiz recuerda que “los jeans nacieron como vestimenta de trabajo para mineros y fueron utilizados por buscadores de oro, cowboys, militares y obreros. Desde sus orígenes, esta prenda se vinculó con la masculinidad. Posteriormente, en las décadas de los 40 y 50, iconos del cine como James Dean y Marlon Brando popularizaron los jeans como una prenda sexual y sensual”.

Según la encuesta, para 43 por ciento de ellas, la parte que más les excita de un hombre en jeans es el trasero, seguido de la entrepierna (27 por ciento) y los muslos (23 por ciento). Esto es lo que los expertos en sexología llaman “una expresión del comportamiento sexual fetichista o fetichismo”, nos explica Irene, porque lo que genera la excitación en el otro no es la persona, sino el tipo de prenda, de tela o complementos que porte la pareja, como un collar, una gargantilla o unas esposas.

Junto con el fetichismo, existen otras expresiones en las fantasías sexuales, en las que la vestimenta juega un papel protagonista. Por ejemplo, el exhibicionismo, en el que la persona empieza a desnudarse lentamente o de manera brusca, provocando la excitación en el otro. También el travestismo, cuando la persona utiliza prendas del otro género como motivador de la excitación.

Sobre la importancia que las mujeres dan a la vestimenta, Torices nos dice que, por lo general, a mayor edad, a una mujer le puede resultar más atractivo alguien que muestra una vestimenta más formal, pero también es una realidad que en gustos se rompen géneros y puede haber mujeres mayores de 25 o 30 años que prefieran a hombres que se vistan de manera juvenil, incluso que sean mucho más jóvenes que ellas; y a la inversa, mujeres jóvenes que prefieren a hombres que visten formalmente.

En las relaciones en pareja no hay una receta de cocina única y depende de cada uno el hacer realidad sus fantasías. Tener pareja no quiere decir que nos veamos obligados a cumplirlas. Lo que sí destaca Irene es que, al final, la creatividad es el límite para cualquier actividad sexual y destaca cuatro parámetros esenciales si queremos llevar a cabo una fantasía: que no haga daño a mi persona ni a mi pareja, que no transgreda ninguna norma moral o legal y que exista comunicación adecuada con el otro.

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