Viajar con niños y no morir en el intento

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Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista.

Llega el verano y con ello las vacaciones escolares, para muchas familias, esta es la oportunidad para salir de la rutina y llevar a sus hijos a la playa, al campo, a otra ciudad e incluso a otro país. Todo suena de maravilla, pero el viaje se puede convertir en una pesadilla si no se consideran algunos puntos.

Viajar con niños es muy diferente a viajar en pareja o con amigos, los niños, sobre todo, los menores de 5 años, demandan atención e inmediatez, los más pequeños que aún no hablan, tienen como única forma de expresión el llanto y el movimiento, lo cual puede resultar cansado e incómodo para adultos deseosos de descansar.

Pasar tiempo con la familia, varios días, durante muchas horas, puede resultar complicado, no solo es un tema que atañe a los menores, sino que la convivencia continua provoca cercanía emocional y física que no siempre es fácil de manejar. Así como los buenos momentos pueden parecer mucho mejores al estar de vacaciones, los malos momentos se maximizan provocando peleas y discusiones que afectan a toda la familia. Primero que nada, es importante hacer un ejercicio reflexivo para identificar las razones por las que las vacaciones se vuelven difíciles de sobrellevar, ya que la única razón no son nada más los niños, siempre es valioso hacer un análisis que considere otros factores: distanciamiento previo entre los padres, desacuerdos, intromisión de la familia extensa, factores económicos, etc. Pero regresando al tema que incluye a los pequeños, habría que tomar varios puntos en cuenta antes de aventurarse a un viaje con un menor de edad:

1. Considerar la edad del niño. Entre más pequeño sea, será más dependiente, más exigente, se cansará más rápido de caminar, se fastidiará más rápido al estar en lugares desconocidos con mucho ruido, mucha gente o climas extremos. En pocas palabras: será menos tolerante. Por ello, es recomendable hacer viajes cortos, de pocos días o bien a lugares conocidos, en espacios seguros que cuenten con los requisitos que el bebé o niño pequeño necesitan, y sobre todo que cuenten con elementos físicos que faciliten la estancia.

2. Es recomendable llevar juguetes, libros, mantitas, almohadas y objetos familiares para el niño, que le permitan sentirse seguro y que hagan un puente emocional entre su casa y el lugar en el que dormirá y estará durante las vacaciones.

3. Es importante explicarle al niño, por pequeño que sea, de una forma breve y clara a dónde irán, cuánto tiempo, con quién y para qué. Por ejemplo: “vamos a ir papá, tu hermanito, tú y yo a la playa tres días para estar juntos y jugar. Después, regresaremos a la casa”.

4. Si el viaje es muy largo o es en avión, es importante ir preparado con objetos para que el niño juegue, o para que el bebé se sienta cómodo. Hay que hablarles de lo que va pasando y acompañarlos emocionalmente, por ejemplo: “ya estás cansado, todavía falta un rato para llegar pero mientras te voy a contar un cuento”.

5. No es recomendable viajar con niños enfermos, es mejor esperar a que se recuperen.

6. No idealizar, ni olvidar que el viaje es familiar y no de solteros ni de pareja, esto ayudará a disfrutar otro tipo de dinámica, en la que están incluidos los niños y por lo tanto, las actividades enfocadas para que ellos también la pasen bien. Hay hoteles, destinos y actividades enfocadas en viajes familiares.

7. Viajar con más de un niño requiere de más energía, más dinero y más tolerancia. Hay que planear las vacaciones tomando en cuenta nuestros recursos, tal vez una madre puede viajar sola con un niño pero si tiene dos ya se volvería una situación muy pesada. Cada quien conoce sus posibilidades físicas, económicas y emocionales, es importante tomarlas en cuenta.

8. Las vacaciones son para disfrutarse, no para sufrir. La única manera de enseñarles a nuestros hijos a disfrutar es disfrutando nosotros al pasar tiempo con ellos. Dos días o dos semanas, en la playa o en un pueblito, en carro o en avión, como sea pero planeando actividades que los tomen en cuenta.

9. Hay que saber que si nos sentimos desesperados y ansiosos siendo adultos, siempre, los niños sentirán esa misma ansiedad y desesperación con más intensidad. Así que hay que encontrar recursos para calmarse, organizarse internamente y resolver. Solo así, ellos se calmarán.

10. Poner en un plano secundario los pendientes, el trabajo, la rutina y permitirse jugar, hablar o simplemente observar a los niños jugar y divertirse.

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