El primer día de clases

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Un paso fundamental para los niños
El primer día de escuela supone una gran transición para los niños que, acostumbrados a estar en casa con sus familias, pasan a encontrarse en un ambiente extraño, con gente y niños que no conocen. Esta situación puede provocarles estrés y ansiedad. Por eso, entre padres y profesores debe existir compenetración para hacerles sentir cómodos en esta nueva situación. Se debe ser comprensivo, pero sin perder la disciplina.

La escuela se convierte en un lugar donde se complementa la educación que los niños reciben en casa. Este periodo permite que desarrollen sus capacidades físicas, cognitivas, afectivas y sociales. Según Ana María Pastrana, coordinadora de educación infantil, en el Colegio Nervión de Madrid, “al acabar el curso, el cambio que sufren los niños es drástico. Entran siendo bebés y terminan adoptando una actitud independiente”.

La adaptación
La llegada al colegio les hace sentir inseguros y reaccionan de muy diversas maneras. Ana María Pastrana asegura que “algunos niños, el primer día de colegio están tranquilos porque no saben bien donde van, pero el segundo día, no se quieren quedar. El 40% aproximadamente se pone a llorar”.

Cada niño tiene una reacción diferente. Algunos de los recursos que emplean son los llantos, los pataleos, intentan escaparse, negarse a comer, orinarse en los pantalones, son agresivos con sus compañeros o incluso con los propios adultos, etc.

Por otra parte, no se presentan diferencias de adaptación entre niños de diferente sexo o cultura. La experta, asegura que “las niñas suelen ser un poco más maduras, pero generalmente no hay disimilitudes entre sexos o razas. Es algo que depende de cada niño”.

La participación de los padres
Como padres, debemos hablar a nuestro hijo del colegio, enseñarle el sitio antes de comenzar las clases para que se vaya ambientando y mantener una relación estrecha con los profesores para que el niño lo perciba y se sienta seguro. Otra medida necesaria es el hábito de levantarlos y acostarlos temprano, ya que deben dormir entre 8 y 10 horas. Además, hay que adaptar los horarios de las comidas a los de la escuela.

Según la especialista, “hay madres muy protectoras que incluso se echan a llorar, y otras que siguen las indicaciones que les damos. Lo que deben hacer es no prolongar el periodo de incorporación del niño y actuar con la mayor normalidad posible”.

Por otra parte, los niños a los tres años no tienen definido el sentido del tiempo, no saben que significa ‘pasado mañana’, por eso se les debe ir enseñando antes de ir a la escuela como van a ser algunas de sus nuevas costumbres. También deben aprender a controlar sus ganas de ir al baño y tomar el hábito de relacionarse con otros niños para fomentar su capacidad de socialización, cómo sucede cuando se les lleva al parque.

Actividades en las aulas
Los profesores de educación infantil establecen una relación calida y afectuosa con sus alumnos. Ana María Pastrana explica que “la tutora se convierte en una segunda mamá. Se pasa mucho tiempo con ellos y se crea un vínculo estrecho y afectivo”.

Algunos de las actividades que se realizan en las clases son jugar libremente, cantar, tocar las palmas, realizar figuras con plastilina, hacer dibujos, contar cuentos, etc.
La experta asegura que “lo que más les gusta es el juego libre y cantar, En algunas ocasiones cuando lloran, las canciones les hace cambiar de aptitud.
Por Silvia Soleto.

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