Presenta su primer libro “Nunca hubiera” la comediante Katya Vega

0
173

• La joven perdió la vista hace cuatro años y encontró en el Stand Up Comedy una manera de enfrentar la fatalidad, burlándose de su condición y de los clichés que la rodean, a la vez que ejerce una ácida crítica a la manera en la que los mexicanos tratamos a las personas con discapacidad.
• El libro será presentado el viernes 6 de abril a las 7:00 PM en la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura (Tamaulipas 202, Col. Condesa)
• Presentes estarán Katya Vega y Arturo Flores, editor de Playboy México, autor de varios libros y también comediante de stand up, quien además escribió el prólogo para “Nunca Hubiera”.

A continuación, el prólogo con el que arranca el libro:

Leemos las palabras de quienes conocen el Infierno. Empezando por “La Divina Comedia”, en la que Dante da cuenta de su cita con Lucifer. “Cartas desde el Infierno” tituló el poeta español Ramón Sampedro, el libro que se vio obligado a escribir con los dientes. Así comienza: “El día 23 de agosto de 1968 me fracturé el cuello al zambullirme en una playa y tocar con la cabeza en la arena del fondo. Desde ese día soy una cabeza viva y un cuerpo muerto. Se podría decir que soy el espíritu parlante de un muerto”.
Después de una feroz batalla contra el gobierno de su país, para que le concediera recibir el suicidio asistido sin consecuencias para quienes lo ayudaran, Sampedro se quitó la vida el 12 de enero de 1998. Veinte años estuvo postrado en una cama, hasta que una mano piadosa le acercó un vaso con cianuro que sorbió con una pajilla. Grabó su muerte en video para dejar testimonio de su lucha en favor de la eutanasia.
Otros que han escrito páginas a consecuencia de su tránsito por una tempestad son Solomon Northup, quien fue secuestrado y padeció 12 años de esclavitud forzada; así como el periodista francés Jean-Dominique Bauby, que redactó su libro “La escafandra y la mariposa”, valiéndose del parpadeo de su ojo izquierdo, luego de sufrir un accidente cerebrovascular que le arrancó el habla y la movilidad. De todos los casos existen películas inspiradas en los textos.
“Nunca hubiera” es el libro que presenta Katya Vega, una joven a la que una enfermedad autoinmune le quitó la vista. Personas ciegas conocemos todos y cada una ha encontrado maneras de enfrentar su padecimiento. Desde quienes se recluyen, presos de la amargura, hasta los que se hunden sin remedio en el fango.
Katya no es una de ellas. Si bien la enfermedad –y de ello da cuenta en estas páginas– la ha acompañado, ella misma así lo describe, como una sombra dispuesta a saltarle encima luego de ofrecerle momentos fugaces de paz, jamás ha visto sus padecimientos como un enemigo al que no se le pueda enfrentar. La frase es un lugar común, pero este libro es la crónica de quien ha perdido batallas, pero no la guerra.
Katya se ríe, de la ceguera y de sí misma.
La condición de Katya como invidente no le ha impedido descubrir que existe más de una forma de ser libre. De escapar de la forma en la que ella define, parafraseando a Platón, percibir el mundo a través de un cuerpo con los ojos opacos, “como la cárcel del alma”.
Escribió Gabriel García Márquez en sus memorias “Vivir para contarla”: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Así pues, Katya nos cuenta quizá no lo que vivió, sino lo que en su memoria permanece de aquellos días en que fue de hospital en hospital, de doctor en doctor, enfrentando la execrable realidad de que su cuerpo, el de una hermosa muchacha veinteañera, a la que como otras de su edad sólo debería preocuparle el color de la falda que usará el sábado, de repente no retiene alimento ni fuerza en las piernas para sostenerse.
A Katya su cuerpo no le pidió permiso para enfermarse. Pero no por eso ella iba a cruzarse de brazos y desvanecerse sin hacer nada.
“Nunca hubiera” es un testimonio narrado en primera persona. Ágil, entretenido, alejado de la cursilería y más bien enraizado en la sinceridad. La historia novelada de una millennial que posee una sensibilidad extraordinaria para percibir lo que pasa en el mundo. Para retratar a las personas. Para contarnos cómo se baña uno cuando ha perdido la vista, cómo se enamora, por qué se rehúsa a aprender a leer braille o a utilizar un bastón.
De paso, es el testimonio de una persona que encontró en la comedia, en la posibilidad de subirse al escenario a burlarse de su propia ceguera, un catalizador para la rabia y la tristeza. Porque quien ha visto a Katya Vega decir su rutina de Stand up, stand up como “pronunciamiento” y no como “estar de pie”, puede concluir que nuestros prejuicios acerca de los ciegos, sordos y cojos, están más relacionados con nuestra propia incapacidad para generar empatía.
En una parte del libro Katya confiesa sin pudor algo que resulta evidente en todo ser humano. También ha sido cruel, porque el hecho de que no vea, no la exime de equivocarse.
Leemos las palabras de quienes conocen el Infierno. “Nunca hubiera” no tiene un final feliz, porque la vida tampoco. Hay una última página, pero que deja al lector con la sensación de que Katya aún tiene más historias que compartir, sea desde la ficción, porque también es cuentista, o en los terrenos de la comedia. Su humor, no podía ser de otra forma, es muy negro.
También le es imposible deshacerse de su cruz, que a la vez es su virtud.
Katya posee las palabras precisas para decirnos cómo se ve el mundo cuando no se ve nada.

Leave a Reply